lunes, 25 de junio de 2018

Una película vuelve a casa, de Hernán Lucas, por Lila Feldman



Lila Feldman es psicoanalista y ensayista. La lectura de Una película vuelve a casa, de Hernán Lucas, le inspiró unas líneas que gentilmente nos hizo llegar:
 
En Una película vuelve a casa, la novela de Hernán Lucas (Paisanita Editora, 2017), encuentro un relato acerca de la curiosidad. De la curiosidad que deja de ser vivencia íntima, y muta a experiencia colectiva. Curiosidad investigadora que no busca hallar “pruebas” sino construir razones, causas, ficciones. No se trata de perseguir pruebas que demuestren, sino en todo caso huellas para trazar un camino, realizar un deseo.
Si es una investigación, no apunta a demostrar sino a realizar. Sería como una investigación en el espacio, y en el tiempo. En mí, resonó más lo primero:
¿Cómo habitamos el espacio? (La cuestión del espacio en esta historia es crucial, el espacio importa).
¿Cómo habitamos lo común, y dejamos de ser anónimos?
¿Cómo las zonas mortiferamente tediosas que predominan en las reuniones de consorcio, se tornan espacio de juego y vecindad, de proximidad con quiénes no nos resultan en principio cercanos ni próximos?
Es también una historia de intercambios. Intercambios que apuntan a construir sentido. Pero lo que más me atrapó en la novela es la insistencia del “ver sin ser visto”.
Hernán Lucas escribe, e inscribe el hacerse ver, mostrando cómo él ve, cuando aún no es visto. Un hacerse ver, mirando.
La pared será superficie de apoyo para una película y el escritor, que en esta novela nace con un puntito azul, una luz que lo mira-toca desde afuera, y lo lanza a embarcarse en una idea, deseo, o “locura”, encuentra primero en los otros, luego en la hoja, su superficie de apoyo. Y ahí se apoya su mirada. Y así como nos invita a mirar, los invito a leerla.

Gracias Lila Feldman !

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