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martes, 6 de septiembre de 2016

Página 12

La bella nota de Daniel Gigena, periodista y escritor que admiramos y que nos hace tan felices leer en sus post, poemas, libros, artículos, reseñas y ahora, sobre "Hay gente que no sabe lo que hace" de Alejandra Zina.
Gracias Daniel, y a Flor Monfort por la edición.
Pueden ver la nota completa, también, en el siguiente link: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10831-2016-08-26.html

las12
VIERNES, 26 DE AGOSTO DE 2016
VISTO Y LEIDO

CAMINO DE TRANSFORMACIÓN

El tercer libro de Alejandra Zina retrata personajes femeninos con un aura de vacilación, humorismo y dosis tolerables de drama.






 Por Daniel Gigena
En los nuevos cuentos de Alejandra Zina (Buenos Aires, 1973) ocurre algo similar a lo que pasaba con Barajas, novela de chick lit que escribió por encargo para un sello confiado en el crecimiento de un género pasajero. Los personajes y narradores de los siete relatos de Hay gente que no sabe lo que hace entrenan a los lectores en un ejercicio de humorismo y decepción. El humor, como se sabe, suaviza la decepción: con sátiras e ironías el drama ya no parece tan grave. Una situación compensa a la otra, una pérdida se atenúa con descubrimientos trascendentes o triviales, un recuerdo penoso se salva con la gracia del estilo. En “Falsa promesa”, el magnífico primer cuento, la vejez quisquillosa de una madre se suaviza con un cambio de peinado: “Te conviene este castaño, dijo, pero mamá acariciaba el mechón rubio. Rosa insistió, un tono oscuro tapa mejor. Mamá contestó con un bueno casi inaudible, así es ella: o se amotina o se entrega sumisa”.
“La primera selección de cuentos la hice yo -cuenta Zina-. Escribía, corregía y cuando llegaba a versiones que me gustaban los incluía en la colección. Armaba índices posibles, tachaba, dejaba afuera cuentos que me parecían que se alejaban de la atmósfera que se estaba imponiendo.” Esa atmósfera que los cuentos comparten posee siempre una intimidad envolvente, con pocos personajes captados en una situación cotidiana en la que se entreabren posibilidades, riesgos y bucles narrativos, como en “Negros famosos”, donde un grupo de amigas elabora a su modo la internación de una de ellas en una clínica psiquiátrica. “Bueno, todo no se puede, querida. O ganás. O tomás”, reflexiona Nancy durante la noche en la que juntas juegan a nombrar a negros famosos (sin mencionar casi a la amiga internada). A veces, como en “La princesa enamorada”, la fisura por la que se cuela el drama ha quedado atrás en el tiempo: “El cómo y el porqué eran un misterio tan callado que quizá todos se fueron olvidando”.
El efecto de proximidad que los cuentos provocan es uno de los logros de la escritura de Zina. “Ese narrador en tercera que parece la voz del protagonista o la voz de alguien muy cercano al mundo que narra me gusta mucho –dice la autora–, me permite contar muchas cosas, mirar con detalle, y a partir de esos detalles construir un fuera de campo. Todo eso que no vemos o no oímos pero imaginamos.” Las voces narrativas pueden provenir o estar cerca de hijas ya adultas o de parejas de un hombre con hijas, de madres de familia aparentemente satisfechas de las vidas que construyeron o de mujeres solitarias con libertades bien cuidadas. En un movimiento doble de introspección y distancia, la tensión entre lo que se narra y lo que permanece implícito motoriza las tramas, descoloca y parece acercar a los personajes a un abismo que ignoran. “Algunos cuentos del libro tuvieron ese camino de transformación. De la primera persona a la tercera. Y el resultado me pareció más potente. La voz en primera funcionó mejor en los cuentos donde había un trabajo más fuerte con mis recuerdos”, comenta Zina.
Después de Barajas, novela protagonizada por la tripulante de una aerolínea, la autora continuó escribiendo sobre mujeres. “La novela tiene un tono muy distinto de los cuentos, pero fue el impulso para querer seguir –dice Zina–. Por esa época empecé a escribir algunos textos más autobiográficos donde aparecían tías, abuelas, madre, amigas de mis padres, amigas de la infancia, hermanas, yo misma (crecí en una familia con muy pocos varones). Encontré un universo que subestimaba, o al que le tenía prejuicio y del que ignoraba bastante. Un universo que me pareció riquísimo, misterioso, casi inagotable.” ,
Alejandra Zina
Hay gente que no sabe lo que hace
Paisanita Editora

lunes, 29 de agosto de 2016

Escape a Plutón

Escape a Plutón es un club de libros que todos los meses realiza una selección de lo más salvaje de la literatura mundial y la envía a la casa de sus socios.


Dirigida a un público adulto y con curaduría de Martín Jali, la Colección Literatura salvaje de Escape a Plutón recomienda desde títulos de autores nóveles hasta joyas descatalogadas o grandes obras de escritores de culto. Cuentos, novelas, diarios de viaje, crónicas, cómics, literatura erótica y libros de ensayo. La colección está marcada por el eclecticismo, la contemporaneidad de los textos y su valor literario.

Este mes (septiembre de 2016) ofrece:

Precoz, de Ariana Hardwicz + Hay gente que no sabe lo que hace, de Alejandra Zina

Más info haciendo click acá.

Muchas gracias querido Martín Jali por elegir uno de nuestros títulos.


Para asociarse: http://www.escapeapluton.com.ar/search/label/Asociate



martes, 12 de julio de 2016

La Primera Piedra

Compartimos la hermosa reseña del libro "Hay gente que no sabe lo que hace" de Alejandra Zina, que escribió nuestro querido amigo Gustavo Yuste para la revista digital La Primera Piedra.
En su versión digital la encuentran en el siguiente link: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2016/07/resenas-caprichosas-gente-no-sabe-lo-alejandra-zina-mujeres-bellas-fuertes/


RESEÑAS CAPRICHOSAS – “HAY GENTE QUE NO SABE LO QUE HACE” DE ALEJANDRA ZINA: MUJERES BELLAS Y FUERTES

Escrito por Gustavo Yuste 11 julio, 2016
En los cuentos de Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) de Alejandra Zina, las mujeres asumen el protagonismo de las historias a través de experiencias personales que, sin embargo, muestran el universo de lo femenino desde una perspectiva más que interesante. Con un estilo ágil y sin rodeos, la autora hace del ocultamiento un arma clave a la hora de narrar y, también, a la hora de denunciar las situaciones que socialmente se le imponen a ese género.

Sobre la autora

Alejandra Zina nació en Buenos Aires en 1973. Publicó la antología Erótica argentina y, en co-autoría, la compilación En primera persona. Correspondencia argentina en dos siglos. Tiene editado el libro de cuentos Lo que se pierde (Carne argentina, 2005) y la novela Barajas (Plaza&Janés, 2011). Relatos suyos integran diversas antologías de Argentina y España. Ha publicado cuentos, notas y reseñas en Clarín, Ñ, Perfil, El Litoral, Mil Mamuts y El Ojo Mocho, y en las revistas españolas Culturamas y Calibre 38. Es una de las organizadoras del ciclo Carne Argentina. Coordina talleres de escritura de forma particular y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica.

 Mujeres bellas y fuertes

Los siete cuentos que integran Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) de Alejandra Zina cuentan con un factor en común: la mujer como protagonista y centro. Pasando de una primera a tercera persona dependiendo el cuento, Zina introduce al lector dentro del universo femenino a través de historias que, pese a su realismo, siempre esconden un misterio que es necesario completar.
Las distintas protagonistas de los relatos de Hay gente que no sabe lo que hace logran hacer ver el mundo a través de los ojos de una mujer de determinada edad y contexto según el cuento. Justamente ahí radica una de las claves de la autora: no caer en estereotipos femeninos que se le cargan a las mujeres, no solo en la sociedad en general, sino muchas veces en la literatura en particular. Las distintas voces que aparecen en las historias que narra Alejandra Zina cargan con un encanto y misterio que las vuelve únicas en su complejidad y es el lector el que debe esforzarse para ir de la mano con ellas.
En ese mismo sentido, fiel a su estilo ágil, directo y hábil, Zina logra que este libro denuncie desde la literatura misma, sin necesidad de caer en estilos panfletarios. Dentro de cada universo retratado por la autora, las mujeres se encuentran inmersas dentro de las dificultades y problemáticas que el mundo actual las obliga a transitar. Los miedos de ser mujer en una sociedad machista son, a su vez, compensados con la habilidad de Zina para mostrar el coraje femenino en las situaciones cotidianas de la vida.
Otro aspecto a destacar dentro de este volumen de cuentos es que existe una variedad que, lejos de ser forzada, lo vuelve aún más natural y realista. Distintas historias, contextos disímiles y protagonistas femeninas de distintas edades van construyendo mundos de forma casi fotográfica, sobre todo si se tiene en cuenta que hay mucha información que no se revela y es el lector el que debe reconstruir, ya que, donde algo se exhibe, algo se esconde al mismo tiempo.
Alejandra Zina demuestra en este libro el por qué ocupa cada vez más un lugar dentro de los autores destacados de la literatura argentina contemporánea.  Los cuentos de Hay gente que no sabe lo que hace invitan a sumergirse dentro de un mundo de mujeres fuertes sin importar la edad o la condición social, a poder ver la vida bajo la bella complejidad de ser mujer en la sociedad actual.

sábado, 2 de julio de 2016

"Hay gente que no sabe lo que hace", de Alejandra Zina





Por, Ariel Bermani



Son siete los cuentos que componen este libro. Se trata del tercer libro de Alejandra Zina. En 2005 publicó Lo que se pierde, su primer volumen de relatos. En 2011 su primera novela, Barajas. Zina necesita que pasen 5 o 6 años para dar a conocer el material nuevo. Es una autora que se toma su tiempo para escribir, para corregir, para darle espacio a su obra, para esperar que madure. En una época como esta, donde la cita de Lamborghini está más presente que nunca –“publicar, después escribir”-, Alejandra Zina escribe. Primero, escribe.
 Hay gente que no sabe lo que hace es un conjunto de relatos protagonizados por mujeres. Mujeres que viven en la ciudad de Buenos Aires. Una de ellas acompaña a la madre, que decidió cortarse su larguísimo pelo. Otra lleva de paseo a las hijas de su pareja. Otra observa cómo funciona la vida cotidiana en una peluquería. Otras se reúnen con frecuencia, desde hace mucho tiempo. Mujeres jóvenes, mujeres que están envejeciendo, viejas, nenas. Un conjunto heterogéneo de mujeres.
Los relatos de este libro se mueven con comodidad en una realidad banal. Sin embargo, la amenaza, la sensación de que esa realidad es solo aparente, de que todo puede derrumbarse en cualquier momento, acecha. Las acecha, a ellas, a las mujeres de Zina, que son la gente que no sabe lo que hace. O lo saben, pero no se lo cuestionan.  

Estos cuentos nos involucran en la vida de sus personajes, con intensidad, y en algún momento, cuando las historias parecen a punto de estallar, de quebrarse, nos expulsan. No tienen principio, ni final. Entramos y salimos de los cuentos como si estuviéramos espiando por la ventana a unas mujeres que nunca llegaremos a conocer. Pero que están tan cerca que nos dejan la falsa sensación de que las conocemos bien.  

miércoles, 29 de junio de 2016

REVISTA BRANDO

La bella lectura de IVANA ROMERO para la REVISTA BRANDO. Gracias Ivana y Fernanda Nicolini, por tanta genialidad.

Pueden leer la nota más abajo, o en el siguiente link: http://www.conexionbrando.com/1906649-paginas-que-quedan-entre-mujeres



Páginas que quedan entre mujeres

En Hay gente que no sabe lo que hace, el libro de cuentos de Alejandra Zina, son las mujeres y el vínculo entre ellas -madre e hija, hermanas, amigas- lo que da forma a un mundo en el que la libertad y el peligro son parte de la misma trama. 
    En Hay gente que no sabe lo que hace, el libro de cuentos de Alejandra Zina, son las mujeres y el vínculo entre ellas -madre e hija, hermanas, amigas- lo que da forma a un mundo en el que la libertad y el peligro son parte de la misma trama.

Por Ivana Romero 
Dos hermanas en el asiento trasero de un auto. La mayor, con una capelina color caramelo que le va grande. La menor, con un sombrero de cowboy ajustado debajo del mentón. Se sabe que están en la ruta, que volvieron de un zoológico a cielo abierto, que al auto lo conduce la novia del padre de las nenas. Se sabe que van a parar un rato en una estación de servicio. Y no se sabe (pero se intuye) que la mujer se siente incómoda manejando con esas chicas que la miran desde atrás. Sin embargo, toda esa incomodidad quedará suspendida cuando las nenas desaparezcan de su vista camino al baño, cuando no vuelvan, cuando un tipo que anda por la estación de servicio salga de improviso, cuando los tres vuelvan juntos en una escena rara, equívoca, peligrosa. Si algo caracteriza los cuentos de Hay gente que no sabe lo que hace de Alejandra Zina es esa presencia de mujeres de distintas edades que, en muchos casos, se mueven de a dos, lleven o no la misma sangre, tengan o no un vínculo luminoso. Hermanas, amigas, madres, hijas. De hecho, la escritora explora la interioridad de esos vínculos en los que los varones (o, mejor dicho, las lógicas masculinas) representan lo que queda afuera, lo que puede ser apoyo y entendimiento en algunos casos, pero también una acechanza. 
Editado por Paisanita, este volumen incluye siete relatos que Zina trabajó por años desde la publicación de Barajas en 2011 (una novela con una azafata como protagonista que, si bien tenía tapas rosadas al mejor estilo chic lit, adentro contenía un artefacto bastante más complejo y divertido, ya que en aquella oportunidad la escritora observó que existen demasiadas historias en las que, dijo, "imperan mujeres de treinta y pico, solas a su pesar, insatisfechas con sus vidas amorosas, heterosexuales hasta el machismo"). Como resultado, en los nuevos cuentos hay una voz común que, sin embargo, deja que estas chicas (niñas, pero también adultas, incluso señoras mayores) recorran su camino, aunque sea inconveniente o directamente peligroso. 
En Hay gente que no sabe lo que hace, el libro de cuentos de Alejandra Zina, son las mujeres y el vínculo entre ellas -madre e hija, hermanas, amigas- lo que da forma a un mundo en el que la libertad y el peligro son parte de la misma trama.

En "Negros famosos" -el segundo relato-, un grupo de señoras que se conocieron en un taller para aprender a manejar el word y el correo electrónico (ni sus hijos ni sus nietos tienen paciencia para enseñarles) se reúnen a tomar el té. Están preocupadas porque a una de ellas el marido la encontró dentro del placard, y de ahí al geriátrico queda un solo paso. En algún momento, se encierran en un departamento, abren una botella de whisky y empiezan a reírse mientras llevan adelante un juego intrascendente (nombrar "negros famosos", desde Michael Jackson a Nelson Mandela), debajo del cual se deslizan muchos otros juegos. Como en algún cuento de Esther Tusquets, aquí el deseo lésbico termina tomando la palabra sobre todo aquello que estas señoras respetables no dicen. En el otro extremo, las nenas del cuento "Sarah Kay" salen a mendigar juntas, una por pasatiempo y la otra por necesidad. Antes comparten confidencias en el colchón del hermano mayor de una de ellas. Nada sucede. Y, sin embargo, en esa vacuidad también el deseo habla. El erotismo sesgado de las nenas dialoga con una escritora que no es fiel a los clichés, sino a su libertad creativa. Y que tiene, además, un gran sentido del humor para retratar a sus personajes. 
Hay gente que no sabe lo que hace empieza y termina con peluquerías como escenario. En el primer cuento, "Falsa promesa", una hija acompaña a su madre anciana, y en el último, "El peluquero", una clienta advierte el ocaso de ese coiffeur que supo ser su confidente. Este juego de espejos se reproduce desde la tapa, con esas dos niñitas enfrentadas mirándose, recostadas sobre un suelo cubierto de hojas. Ninfas oscuras de Shirley Jackson, ensoñaciones de Silvina Ocampo, retratos despojados de Eudora Welty podrían estar habitados por cualquiera de estas voces. Porque estos cuentos tienen que ver con transformar en literatura todo aquello que los patrones de conducta desdeñan por pecaminoso. Aquí, esa materia se transforma en tierra fecunda, en humus sobre el que se asienta la posibilidad de que estas mujeres sean auténticamente libres. 

jueves, 23 de junio de 2016

DIARIO NCO La Matanza

Muchas gracias Gustavo Grazioli por la reseña de HAY GENTE QUE NO SABE LO QUE HACE, el libro de cuentos de nuestra querida Alejandra Zina, para el diario NCO de La Matanza.Transcribimos la nota completa, que también pueden consultar en el siguiente link: http://diarionco.net/cultura/cultura-libro-cuentos-gente-no-sabe-lo/
Hay gente que no sabe lo que hace. “Las nenas comían y tomaban observando todo con el ceño fruncido y la boca formando un piquito de carne rosada.
Copian a la madre, le había dicho él cuando se lo hizo notar. Pero es tan feo, habría que enseñarles a no mirar así.
Las pocas veces que Mara intentó hablarles terminaron mal. ¿Quién era ella para decirles esas cosas?”, este episodio ocurre en uno de los cuentos titulado El último reflejo de la tarde que forma parte del libro Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) de Alejandra Zina. Empezar con esta cita es meterse de lleno en una prosa que danza con ojos bien atentos para lograr que una vez que empieces a leer no quieras dejar este libro.
Reseña
Por: Gustavo Grazioli
Zina teje historias que van hasta el fondo de la miseria y es en esa densidad, muchas veces, que se detectan los detalles más importantes a la hora de contar sobre algo. Hay gente que no sabe lo que hace es su último trabajo y está compuesto por siete relatos que se leen con suma expectativa. Es constante querer saber que pasa, es el primer deseo mientras el latente conflicto se va apoderando magistralmente de los párrafos compuestos por esta autora.
Los personajes que van apareciendo relato a relato se pueden leer como característicos de realidades subyugadas a la propia cotidianeidad. “Se pasaba el rato así, con el pucho prendido y la radio cerca, una portátil con estuche de cuero, grande como su mano. Le gustaba pegársela a la oreja. Todos los domingos escuchaba los partidos, especialmente si jugaba River. Decía que Francescoli era su novio”, dice Zina en su cuento La princesa enamorada para dar con esa escena en la que uno se imagina al familiar curtido por los años y la desesperanza, donde la juventud fue un divino tesoro. Quien aparece descripta en el citado párrafo es la tía Lili: una mujer que pasó de la belleza de princesa al estadio más abrumador, ocasionado por la medicación ingerida tras su cuadro de esquizofrenia y la cantidad de cigarrillos que fumaba.
La meticulosidad de ciertos detalles en esta autora hace que nada quede afuera. También demuestra la importancia de no adjetivar enseguida para que el camino del sentido no quede cerrado y la información de sus personajes se pueda conocer más a fondo. El doble sentido sobrevuela, cargando los cartuchos de nuestras mentes más perversas y en el medio de un subrayado mental las historias conviven con algunas líneas del cuentista John Cheever y se posan en tramas como las que puede desplegar Raymond Carver en su gran libro Catedral. Ciertas escenas, como por ejemplo la que sucede en el cuento Negros famosos, en donde el personaje Nancy descubre el whisky que le han obsequiado a su marido, es la propia descripción de cómo se posa ese trago y como lo recibe el cuerpo.
Tranquilamente puede ser una anotación de los diarios de Cheever: “El alcohol le entró de lleno, primero en estado gaseoso, después como una lámina acaramelada y ardiente”. Son imágenes que de forma espontánea se guardan para empezar a contarle a algún conocido ese afán por los libros que saben tocar la fibra de la adicción. Oración tras oración la vara se pone cada vez más alta y se vive el placer del texto.

jueves, 31 de diciembre de 2015

HAY GENTE QUE NO SABE LO QUE HACE de Alejandra Zina

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7 relatos de 

Alejandra Zina 


Tapa: Noelia Monópoli

Diseño de colección: Pablo Rivas ::Mambo::
Próximamente en Paisanita Editora.