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miércoles, 7 de octubre de 2015
Revista Ñ
Daniel Gigena reseñó LA SERIE NEGRA de Washington Cucuto para la Revista Ñ de fecha 3 de octubre de 2015.
Gracias Daniel por tu sensibilidad y encanto!
Narrativa argentina. Catástrofes que toman por sorpresa a sus personajes enmarcan los relatos de "La serie negra" de Washington Cucurto.
martes, 21 de julio de 2015
Radio Sur FM 88.3
Nuestra querida e inigualable Macarena Moraña reseña BENGALAS de Enrique Decarli.
Pueden escuchar el audio en el siguiente link:
http://www.radiosur.org.ar/index.php?id=5367
¡Que lo disfruten!

Pueden escuchar el audio en el siguiente link:
http://www.radiosur.org.ar/index.php?id=5367
¡Que lo disfruten!

martes, 26 de mayo de 2015
3 LA SERIE NEGRA / Washington Cucurto

Los cuatro textos que componen este libro confirman, una vez más, que Washington Cucurto es uno de los autores más originales e inclasificables de la literatura latinoamericana actual. Dos novelas cortas –“La serie negra” y “Bukowski”- y dos cuentos –“Prisioneras de Dios” y “Evita traicionera”- le dan a este libro un tono distinto a los otros libros de Cucurto, pero también, al mismo tiempo, le dan un tono similar. Esta vez, Cucurto sube la apuesta y el desafío parece más desmesurado que nunca: sus personajes se enfrentan con Dios; resucitan a Charles Bukowski; pelean bajo las órdenes del fantasma de Eva Perón; destruyen el planeta.
Así como Alberto Laiseca -otro escritor inclasificable-, creó su propio género, el realismo delirante de aventuras, Cucurto, fundador del realismo atolondrado, vuelve a cautivarnos con la vastedad y la riqueza de su lenguaje y con las interminables aventuras de sus personajes.
El amor, el sexo, la búsqueda de la felicidad, la búsqueda de la justicia, la vida en los suburbios, el exilio: tópicos de este gran escritor argentino que, al margen de las modas literarias, fue construyendo, lentamente y sin pausa, una obra que parece no agotarse nunca, siempre dispuesta a sorprender y a divertir.
sábado, 11 de abril de 2015
Revista Veintitres
Reseña de FURGÓN de Ariel Bermani en Revista Veintitres
¡Gracias Gabo Baigorria!
http://www.veintitres.com.ar/article/details/29853/boleto-de-ida

¡Gracias Gabo Baigorria!
http://www.veintitres.com.ar/article/details/29853/boleto-de-ida
LIBROS. ARIEL BERMANI: PERSONAJES EXTRAÍDOS DE LA REALIDAD
Boleto de ida
Por Gabo Baigorria
El de Furgón no es un mundo reluciente ni deslumbrante. Más bien, es opaco y agobiante, como cualquier viaje en tren en hora pico en una gran ciudad. Aunque también está lleno de humor. Como la vida misma. Sus pasajeros: apretujados, embutidos, oprimidos, exprimidos y expulsados. Obligados a vincularse, aunque la comunicación entre ellos no parece obligada. Con la voluntad de la dirección trastocada –no son ellos quienes manejan ese tren, en ningún sentido–, cada uno tiene su cuerpo, su alma y su memoria. Pero en este momento (el viaje como transición entre dos cosas) todo eso parece abolido. Como si ese vagón que los transporta fuera un ser superior con autonomía, que los reúne para igualarlos. Insisto: como la vida misma.
El ocurrente Rubencito; el Polaco, chofer de la línea 53; el onanista Cali; Marina, que lee un libro interminable; la Negra, que asegura poder hablar con Dios; Ariel, especie de autorretrato del autor y, por supuesto, los infaltables guardas y vendedores ambulantes. El tren (o algo, o alguien) parece experimentar con ellos, esperando sus reacciones o sus inercias. Un objeto sólido, metálico, que se estira y se comprime, absorbiendo y eliminando pasajeros, desechando y renovando relatos. Una vez más: como la vida misma.
Ariel Bermani nos presenta a este puñado de personajes extraídos de la realidad más supina posible, donde lo reconocible de pronto comienza a desnaturalizarse, a poblarse de extraños detalles.
Un espacio vivo que avanza, transportando historias en capítulos cortos, como estaciones en un viaje sin terminal. Como la muerte misma.
Un espacio vivo que avanza, transportando historias en capítulos cortos, como estaciones en un viaje sin terminal. Como la muerte misma.
domingo, 29 de marzo de 2015
La Nación - ADN Cultura
La luminosa nota de Daniel Gigena en ADN Cultura sobre BENGALAS de Enrique Decarli.
Contemporáneos a los cuentos incluidos en dos libros previos del autor, los de Bengalas fueron escritos entre 2008 y 2012. Son doce y comparten registros, tonos (similares a murmullos, al comienzo poco inteligibles y de pronto luminosos) y universos cotidianos a los que la irrupción de un elemento fantástico modifica de manera definitiva; en "Sanlugón", un personaje renuncia a su empleo porque comienza a padecer una enfermedad que lo reducirá al tamaño de una pasa de uva. A Enrique Decarli (Buenos Aires, 1973) le bastan pocas frases para desviar la lógica narrativa y explorar el mundo con otros ojos, como se aconseja en "Los despojados", el primer cuento: "Entonces me pidió que volviera a mirar. Que por favor mirara bien. Que por un segundo me olvidara del mundo de arriba". En otros relatos los objetos se humanizan (en "Cuatro tapas y manijas amarillas", un plomero le hace preguntas a un bombeador y las llaves térmicas hablan; también es probable que la cerradura conspire contra el dueño de casa) o se incorporan como prótesis a los cuerpos de los personajes.
Comentarios
Destellos ambivalentes
Contemporáneos a los cuentos incluidos en dos libros previos del autor, los de Bengalas fueron escritos entre 2008 y 2012. Son doce y comparten registros, tonos (similares a murmullos, al comienzo poco inteligibles y de pronto luminosos) y universos cotidianos a los que la irrupción de un elemento fantástico modifica de manera definitiva; en "Sanlugón", un personaje renuncia a su empleo porque comienza a padecer una enfermedad que lo reducirá al tamaño de una pasa de uva. A Enrique Decarli (Buenos Aires, 1973) le bastan pocas frases para desviar la lógica narrativa y explorar el mundo con otros ojos, como se aconseja en "Los despojados", el primer cuento: "Entonces me pidió que volviera a mirar. Que por favor mirara bien. Que por un segundo me olvidara del mundo de arriba". En otros relatos los objetos se humanizan (en "Cuatro tapas y manijas amarillas", un plomero le hace preguntas a un bombeador y las llaves térmicas hablan; también es probable que la cerradura conspire contra el dueño de casa) o se incorporan como prótesis a los cuerpos de los personajes.
La edición incluye "Vía Láctea", la historia del hijo de un viajante al que, quizá por última vez, acompaña en su recorrido. Durante la estada en Villa Mercedes, el chico imagina que su padre lleva una doble vida, debuta sexualmente y entrevé en la plaza del pueblo a un anónimo héroe popular (o a un mero delincuente, eso depende del punto de vista). En todos los relatos de Decarli reluce, como un destello tenue, un sentimiento de esperanza que, como tiene lugar en situaciones acabadas, provoca efectos ambivalentes.
Bengalas
Por Enrique Decarli
Paisanita Editora
70 páginas
$ 120
sábado, 28 de marzo de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Página 12
Dentro del Suplemento Radar Libros, Sebastián Basualdo, reseña Furgón, de Ariel Bermani.
Por Sebastián Basualdo
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-5545-2015-03-08.html
VÍAS DE ESCAPE
Un puñado de pasajeros desposeídos y sumamente originales en sus carencias, y un viaje en un tren más alegórico que realista, conforman los elementos de Furgón, breve novela en la que Ariel Bermani convoca el misterio.
No bien llega el tren a la estación Irigoyen proveniente de Plaza C con rumbo decidido hacia Avellaneda, se tiene la impresión de que Furgón, la nueva nouvelle de Ariel Bermani –autor, entre otras obras, de El amor es la más barata de las religiones y Veneno, con la cual obtuvo en 2006 el Premio Emecé–, concentrará toda la fuerza de una trama realista, frontalmente crítica y reconocible para quienes hayan viajado en la línea del tren General Roca, por ejemplo. Pero lo cierto es que Ariel Bermani se desprende del realismo con la misma velocidad con que el tren abandona uno tras otro sus paisajes para arribar a una zona mucho más compleja, acaso el lugar exacto donde la sonrisa generada por cierta clase de humor inteligente reafirma una mueca incomoda después, un tanto nerviosa, parecida al extrañamiento provocada por una realidad que, de tan intolerable, debiera resultar, como mínimo, absurda. “La cantidad de gente que puede entrar en un vagón de tren, a las siete de la tarde, es variable. Depende de la presión de los que están afuera; los de adentro no pueden ofrecer resistencia, no tienen opción. A más presión, más espacio. En este caso, parece que el vagón se estirara, como si no tuviera límites físicos, materiales.” Con la naturalidad de un cambio abrupto de vías, el viaje en tren asume su dimensión alegórica virando fuertemente hacia una trama donde oscila lo fantástico como un péndulo entre lo onírico y el pensamiento mágico gracias al trabajo exhaustivo de un narrador que está por momentos dentro y fuera del vagón, especie de testigo cómplice a veces, la mirada de un extranjero que no juzga y toma nota o como quien se involucra mirando todo desde otra vereda. O acaso algo más determinante. Y en esto estriba el mayor logro de Furgón, porque por medio de esa simulada neutralidad del narrador, Ariel Bermani logra hilar las historias personales de algunos pasajeros o simplemente retratarlos con un detalle significativo: personajes que entran y salen de escena en función de concentrar un clima ligeramente fellinesco, como en el caso del vendedor ambulante que sube en la estación Gerli. El vendedor de ilusiones. Personajes sencillos, desplazados, pertenecientes a la clase social más desposeída, que salen a ganarse la vida con las herramientas que tienen son los que viajan en Furgón, y si es cierto como dice uno de los pasajeros que “la vida es lo que uno hace de ella”, ese arduo oficio de vivir es lo que reluce como una moneda de oro para los que no tienen nada, como Rubencito, especie de anacoreta a la fuerza, sensible hasta el delirio que hace reír a todos con sus ocurrencias, o el Polaco que vive en Longchamps y trabaja de colectivero en la línea 53, aunque no le gusta ninguna de las dos cosas y tampoco puede imaginar otro modo de vida porque nadie puede desear lo que ignora. Un muchacho onanista hasta la enfermedad como Cali, una chica como Marina que parece destinada a la soledad mientras lee un libro interminable, son algunos de los personajes extraños de esta breve novela, como Negra que dice dialogar con Dios y provoca la risa de muchos. “A mí Dios me habla –dice Negra–. Me dice qué tengo que hacer. Hasta en las cosas más chiquitas. Ayer tenía que ir a cobrar a la casa de una clienta, yo vendo cosméticos y también ropa interior, tenía que ir y Dios me dijo no vayas, quedate en tu casa y por eso me quedé.” Pronto la risa cede a la desconfianza y luego al asombro cuando Negra recibe un mensaje de Dios en el tren y ocurre algo maravilloso, inesperado que le da una vuelta de tuerca a la historia en el plano alegórico que referíamos antes.
Dividida en pequeños capítulos, alternando las estaciones con el nombre de algunos de los personajes a los que se les va a dedicar un pequeño instante de su vida, Ariel Bermani provoca el misterio y lo sostiene progresivamente incluso más allá del momento en que los propios guardas comienzan a ser recordados por huir despavoridamente. Con un final que resignifica toda la lectura, Furgón más que un viaje parece ser un camino de ida para unos pocos, tal vez sólo para aquellos que verdaderamente entrarán en el Reino.


miércoles, 25 de febrero de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
Tiempo Argentino
Entrevista a Ariel Bermani para Tiempo Argentino, por Juan Pablo Cinelli.
Acá les dejamos el link, o pueden leerla a continuacón:
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo.
Acá les dejamos el link, o pueden leerla a continuacón:
LIBROS - "Furgón", de Ariel Bermani: Viajar en tren como quien viaja en el tiempo
Como en una escena de teatro minimalista o una película de bajo presupuesto, todo ocurre en un único escenario. Tal vez un par de escenas aisladas tengan lugar en exteriores, pero nada más. Es un furgón de tren en hora pico, saliendo de la estación cabecera: el relato irá avanzando a medida que la formación ferroviaria vaya completando su recorrido, yendo de una estación a la otra. Dentro del furgón los personajes se aprietan en una intimidad forzada a la que parecen resignados pero que no los incomoda.
Como ocurría en “La autopista del sur”, el cuento que marca el comienzo del libro Todos los fuegos el fuego de Julio Cortázar, es el atasco lo que le va dando lugar a vínculos y relaciones que nunca hubieran surgido de no mediar esa proximidad compulsiva que se produce dentro del espacio más popular del más popular de los medios de transporte. Como si se conocieran de toda la vida –y en algunos casos realmente es así, porque hay gente que se pasa una vida entera viajando en tren-, las personas comienzan a entablar pequeñas conversaciones, que pronto se convierten en un tejido dialógico que involucra a todo el mundo. Son una comunidad cuyo destino común está acentuado por el hecho de que todos se encuentran encerrados dentro del mismo vagón, compartiendo el mismo e inalterable sentido. No hay una forma más previsible de viajar que la del ferrocarril, cuyas vías no permiten apartarse ni un palmo de la ruta por ellas prevista. ¿O no? ¿Acaso es posible que un tren que viaja hacia el sur de la ciudad, de golpe y sin aviso haga una parada en una estación distante que se encuentra hacia al oeste? ¿Qué tipo de curvatura en el espacio y en el tiempo permitiría que un viaje que debía llegar a Turdera se detenga imprevistamente en el Cielo y que ahí termine todo?
Escrita durante el año 2009, Furgón (Paisanita Editora) es la última novela publicada por el argentino Ariel Bermani, un escritor con una obra copiosa pero transitada por los márgenes de la industria editorial. “No sé si tardé mucho o poco en publicarla. Creo que fue el tiempo necesario para que la novela madurara”, dice Bermani acerca de la distancia de cinco años que separaron el proceso de escritura de la publicación. Y revela que recién pudo “volver a ella, de a ratos, a lo largo de los años, para emparejarla, limarle las asperezas”. “De hecho le saqué la mitad: eso no lo hubiera podido hacer si no hubiera dejado pasar el tiempo. El texto se volvió ajeno, casi de otro y pude trabajarlo. Escribo rápido, pero necesito que pasen algunos años para corregir”, revela el autor. Sin embargo niega, a pesar de los inevitables vínculos que es posible hallar entre ambos hechos, que la tragedia de Once ocurrida el 22 de febrero de 2012 haya influido en su percepción de un texto que narra un viaje en tren que termina en un lugar irreal al que llaman "El Cielo". “Nunca escribo con un referente histórico condicionándome. La historia y la política se meten con nosotros, por más que pretendamos, ingenuamente, permanecer al margen. Pero no quiero que eso me condicione”, dice.
Furgón se presenta como un viaje al corazón de la clase obrera, pero bien lejos del exploitation o de la construcción que de esa misma realidad se puede tener cuando sólo se pone el foco en los prejuicios de clase, en los aspectos atemorizantes o negativos, como ocurre con la literatura (o el cine) pornosocial. “No tuve que hacer nada especial para meterme en ese mundo del furgón. Es más, la escribí en un período en que decidí volver a vivir en el conurbano y me reencontré con el tren. Fue un período corto, pero me sirvió, entre muchas otras cosas, para escribir esta novela”, confiesa Bermani. La narración deFurgón representa una mirada cariñosa y humana sobre seres humanos para quienes el mundo tal vez no sea mucho más grande que la propia red ferroviaria de Buenos Aires. Y Ahí mismo está su origen. ”Una noche, volviendo a casa en el furgón, un tipo, en cuero y descalzo, me dijo: ‘capaz me ato un cohete para llegar al cielo’. Enseguida supe que esa frase sería el comienzo de una novela”, confiesa.
Los personajes de Furgón se vinculan con una naturalidad que no parece mediada por los tabiques con que se auto seccionan los vínculos sociales en las clases superiores. Y Bermani los retrata con cariño. “Me gustan los personajes, sus voces, el modo en que miran, cómo se relacionan entre sí. Me gusta espiarlos. Siempre los pienso como si fueran personas que conocí y que quiero mucho. Sin demagogia, ni populismo. Pura curiosidad”, asiente. La idea construida alrededor del cómo se viaja en el transporte público (apretados, pegoteados, inevitablemente unidos) y el surgimiento de una inevitable intimidad, resulta además un juego humorístico muy eficaz. “Todos tenemos problemas parecidos y eso es lo que trato de explorar. No le busco a eso un trasfondo social, clasista o político. Por supuesto, ese trasfondo emerge y cada uno lee en eso lo que quiere. Escribo sobre la intimidad de estos personajes un poco descentrados, casi sin futuro –a veces heroicos, a veces patéticos- porque se parecen a la gente que conozco y conocí y también se parecen a mí.”
La novela mantiene un tono más bien naturalista/ realista casi hasta su último tercio, pero de pronto realiza un giro fantástico que no sólo la resignifica, sino que también funciona como una fuerza multiplicadora del interés. “A mí me interesa el quiebre de la realidad, sobre todo, para ver qué les pasa a los personajes cuando se encuentran en ese trance. Lo que llamamos realidad es una estructura tan ambigua y compleja y tan llena de capas superpuestas que nos permite, a los que nos entretenemos haciendo ficción, meter a nuestros personajes en un tren que no va a ninguna parte”, reflexiona el autor. Bermani reconoce el vínculo afectivo que lo liga a sus criaturas. “Los conozco bien y quiero que sean felices. Y ellos, esta vez, en el furgón, establecieron un contacto natural entre sí -al menos un puñado de ellos-, y me gusta verlos así. Furgón es una novela sobre la felicidad del encuentro entre las personas”, continua. Respecto del inesperado giro fantástico de la trama, Bermani observa que el furgón es “un vagón liberado donde la ley opera de otro modo y también en mi novela es así, pero en otra dirección”. “Necesité ver bien a mis personajes. A pesar de que, si los miramos desde los prejuicios de las clases medias y las clases altas, no los vemos bien. Pero creo que esos lazos de solidaridad no estandarizada que se establecen entre algunos de los del furgón nos humaniza.”
Una de las características más representativas de la obra de Ariel Bermani es que ha construido una obra publicando sus cuentos y novelas en editoriales nacionales y extranjeras, pero siempre muy independientes. Incluso llegó a fundar su propio sello, Conejos, con un grupo de colegas. Entonces, como ocurre con el viaje suburbano que propone en Furgón, su obra también es un viaje a la periferia, en este caso del mundo editorial. “No sé si se trata de una decisión personal, tal vez sí. Escribir me divierte, me hace feliz y ya está”, afirma para sintetizar la forma en que va construyendo su propia obra, que muy pronto tendrá un nuevo eslabón, cuando durante el mes de marzo se concrete la edición de Agua, otra novela corta como Furgón. “¿Qué pasará con lo que escribo? Imposible saberlo. Lo más probable es que siga pasando lo que pasó hasta ahora. Nada en especial. ¿Por qué publicar en editoriales chiquitas? Porque me gustan. Me gusta cómo piensan esos editores, esos escritores, que son mis amigos y que se mueven al margen del gran mercado editorial. De manera casi artesanal. Con ellos viajo en el furgón de los trenes.”
viernes, 13 de febrero de 2015
Revista Aglaura
Una luminosa reseña que escribió Daniel Gigena para la revista digital Aglaura: http://www.revistaaglaura.com/#!resea32-de-furgon/ckvb
RESEÑA DE FURGÓN
Por Daniel Gigena
Furgón
Ariel Bermani
Paisanita Editora
80 páginas
A Furgón, la nueva novela de Ariel Bermani, se la puede leer en un viaje de ida o de ida y vuelta en un ferrocarril suburbano. Es una novela corta, en la que los pasajeros (los personajes) intentan comprender un recorrido inusual y sorpresivo (en esto se asemejarían a los lectores). Gracias a la impronta de los personajes o, más precisamente, gracias a sus frases y aventuras mínimas, en la novela se puede oír “una voz que trata de comunicar algo a los pasajeros. Algo que no puede comunicar o que comunica sin que nadie lo entienda”, como ocurre con los parlantes de la estación de Banfield cuando el tren se detiene luego de un movimiento imposible. Las historias de esos personajes que coinciden una tarde en un vagón de tren que va de Plaza Constitución al sur del Gran Buenos Aires podrían haber recibido un tratamiento literario diferente del que eligió el autor y del que habitualmente les toca a los personajes situados en la periferia.
Mediante la figura que el viaje en tren ofrece, Bermani crea un elenco de seres también en tránsito, la mayoría de ellos trabajadores (el Polaco es chofer de la Línea 53, la Negra vende cosméticos y ropa interior a domicilio, Rubencito vagabundea por estaciones y casas de familiares), incluidos los vendedores ambulantes: “Cargan grabadores que hacen sonar a todo volumen, o cajas de cartón con golosinas o bolsos llenos de mercaderías. Desde agendas hasta guías de calles, desde copias truchas de películas nuevas hasta cuchillos, señaladotes, fotocopias de recetas médicas: mi hijito de seis meses necesita un trasplante de riñón, dice alguno”. Entre ellos hay incluso un vendedor de ilusiones y guardas que no pueden bajar del tren: “No se animan. Están condenados a ir de Plaza a Korn y de Plaza a Glew y de Plaza a Ezeiza, toda la vida”.
El acercamiento narrativo está mediado por Ariel, autorretrato cómico del autor (Rubencito le dice: “Tenés cara de pancho pero no parecés pancho”, a lo que Ariel responde: “Será por los anteojos que me ves cara de pancho”). Su personaje actúa como un transmisor de historias ajenas: puede ser la del tic masturbatorio de Cali o sobre la aptitud de la Negra para oír la voz de Dios (una voz finita y suave, “Dios habla como si cantara en voz baja”, dice la alegre viuda de un policía), o la historia de la búsqueda aún sin forma precisa de Marina, todas se despliegan a través del diálogo, el monólogo (un monólogo que presupone la escucha atenta de Ariel) o la invención chistosa. También se filtra su propia historia, que alumbra apenas la imagen del padre (en Furgón hay pocos padres: Marina se peleó con el padre de su hija; en la segunda parte de la nouvelle una mujer da a luz con ayuda de la Negra solamente; como el menú en la casa del padre promete fideos pasados de cocción, Rubencito apenas lo visita).
En el orden de la Línea Roca (Irigoyen, Avellaneda, Gerli…), al principio estricto pero luego azaroso, Bermani apunta los nombres de sus criaturas, episodios sin título en los que suceden demoras, apretujones, conversaciones, un parto, desvíos y, además, una constelación de lecturas. Esta vía intertextual la facilita el propio Ariel cuando menciona un cuento de Juan José Arreola ambientado en un tren que queda varado. Junto con otras obras recientes, como las novelas Convoy, de Esteban Bértola, Brasil, de Paula Brecciaroli, o el relato Parando en todas, de María Laura Frecha, donde las herramientas de la ficción servían para encarrilar recorridos políticos, sociales, íntimos o, como en el caso de Bértola, puramente verbales, Bermani opta por un gesto narrativo clásico: cederles a los personajes un espacio en el que pueden situarse como guías de un itinerario roto, vuelto a componer y todavía útil.
“Tenía la necesidad de contar una historia donde los personajes estuvieran bien –dice el autor de Veneno y El amor es la más barata de las religiones, entre otros títulos–. A pesar del contexto, de la pobreza. Quería que pudieran comunicarse, que se hicieran amigos. En mis libros anteriores no lo pude conseguir, tal vez ahora sí. Hay una comunidad que se arma en el furgón. Eso cuenta la novela. Y también habla de inestabilidad de lo que llamamos realidad. Todo puede pasar. Pero, más allá de eso, este conjunto de personajes le hace frente a las imposibilidades. Me gustó sentir, mientras escribía Furgón, que mis personajes se reconocían entre sí y que, de alguna manera un poco extraña o inesperada, al menos por rato, eran felices.”
RESEÑA DE FURGÓN
Por Daniel Gigena
Furgón
Ariel Bermani
Paisanita Editora
80 páginas
A Furgón, la nueva novela de Ariel Bermani, se la puede leer en un viaje de ida o de ida y vuelta en un ferrocarril suburbano. Es una novela corta, en la que los pasajeros (los personajes) intentan comprender un recorrido inusual y sorpresivo (en esto se asemejarían a los lectores). Gracias a la impronta de los personajes o, más precisamente, gracias a sus frases y aventuras mínimas, en la novela se puede oír “una voz que trata de comunicar algo a los pasajeros. Algo que no puede comunicar o que comunica sin que nadie lo entienda”, como ocurre con los parlantes de la estación de Banfield cuando el tren se detiene luego de un movimiento imposible. Las historias de esos personajes que coinciden una tarde en un vagón de tren que va de Plaza Constitución al sur del Gran Buenos Aires podrían haber recibido un tratamiento literario diferente del que eligió el autor y del que habitualmente les toca a los personajes situados en la periferia.
Mediante la figura que el viaje en tren ofrece, Bermani crea un elenco de seres también en tránsito, la mayoría de ellos trabajadores (el Polaco es chofer de la Línea 53, la Negra vende cosméticos y ropa interior a domicilio, Rubencito vagabundea por estaciones y casas de familiares), incluidos los vendedores ambulantes: “Cargan grabadores que hacen sonar a todo volumen, o cajas de cartón con golosinas o bolsos llenos de mercaderías. Desde agendas hasta guías de calles, desde copias truchas de películas nuevas hasta cuchillos, señaladotes, fotocopias de recetas médicas: mi hijito de seis meses necesita un trasplante de riñón, dice alguno”. Entre ellos hay incluso un vendedor de ilusiones y guardas que no pueden bajar del tren: “No se animan. Están condenados a ir de Plaza a Korn y de Plaza a Glew y de Plaza a Ezeiza, toda la vida”.
El acercamiento narrativo está mediado por Ariel, autorretrato cómico del autor (Rubencito le dice: “Tenés cara de pancho pero no parecés pancho”, a lo que Ariel responde: “Será por los anteojos que me ves cara de pancho”). Su personaje actúa como un transmisor de historias ajenas: puede ser la del tic masturbatorio de Cali o sobre la aptitud de la Negra para oír la voz de Dios (una voz finita y suave, “Dios habla como si cantara en voz baja”, dice la alegre viuda de un policía), o la historia de la búsqueda aún sin forma precisa de Marina, todas se despliegan a través del diálogo, el monólogo (un monólogo que presupone la escucha atenta de Ariel) o la invención chistosa. También se filtra su propia historia, que alumbra apenas la imagen del padre (en Furgón hay pocos padres: Marina se peleó con el padre de su hija; en la segunda parte de la nouvelle una mujer da a luz con ayuda de la Negra solamente; como el menú en la casa del padre promete fideos pasados de cocción, Rubencito apenas lo visita).
En el orden de la Línea Roca (Irigoyen, Avellaneda, Gerli…), al principio estricto pero luego azaroso, Bermani apunta los nombres de sus criaturas, episodios sin título en los que suceden demoras, apretujones, conversaciones, un parto, desvíos y, además, una constelación de lecturas. Esta vía intertextual la facilita el propio Ariel cuando menciona un cuento de Juan José Arreola ambientado en un tren que queda varado. Junto con otras obras recientes, como las novelas Convoy, de Esteban Bértola, Brasil, de Paula Brecciaroli, o el relato Parando en todas, de María Laura Frecha, donde las herramientas de la ficción servían para encarrilar recorridos políticos, sociales, íntimos o, como en el caso de Bértola, puramente verbales, Bermani opta por un gesto narrativo clásico: cederles a los personajes un espacio en el que pueden situarse como guías de un itinerario roto, vuelto a componer y todavía útil.
“Tenía la necesidad de contar una historia donde los personajes estuvieran bien –dice el autor de Veneno y El amor es la más barata de las religiones, entre otros títulos–. A pesar del contexto, de la pobreza. Quería que pudieran comunicarse, que se hicieran amigos. En mis libros anteriores no lo pude conseguir, tal vez ahora sí. Hay una comunidad que se arma en el furgón. Eso cuenta la novela. Y también habla de inestabilidad de lo que llamamos realidad. Todo puede pasar. Pero, más allá de eso, este conjunto de personajes le hace frente a las imposibilidades. Me gustó sentir, mientras escribía Furgón, que mis personajes se reconocían entre sí y que, de alguna manera un poco extraña o inesperada, al menos por rato, eran felices.”
jueves, 27 de noviembre de 2014
Casa de Letras
Una entrevista de Sebastián Robles para el blog de Casa de Letras
Pueden ver la nota original en el siguiente link:
http://www.casadeletras.com.ar/blog/publicar-es-algo-hermoso/
Pueden ver la nota original en el siguiente link:
http://www.casadeletras.com.ar/blog/publicar-es-algo-hermoso/
Por Sebastián Robles
Paisanita Editora nació hace menos de dos años, como un proyecto de plaquetas de cuentos y poesía. Mañanaviernes 28 de noviembre a las 20 hs en La vieja guarida, Guardia Vieja 3777 (C.A.B.A.), con la participación de Alejandra Zina y Leonardo Oyola, la editorial presenta sus dos primeros libros: la novela Furgón de Ariel Bermani y el volumen de cuentos Bengalas de Enrique Decarli. Conversamos al respecto con Gabriela Luzzi, responsable de la editorial.
¿Qué te animó a dar el salto de las plaquetas a los libros?
Si hay algo que nos da felicidad, desde que empezó Paisanita Editora en 2013, es hacer plaquetas. El mundo de las plaquetas es hermoso, está lleno de obras geniales, editadas con cuidado y amor.
Este año decidimos lanzar otra línea, con libros, porque desde el primer momento que leímos el material, nos entusiasmó la idea de publicarlo, y el mismo material, por su extensión, pedía otro formato.
La amistad y la ayuda de María Gómez y Washington Cucurto, de Eloisa Cartonera, y de Rodolfo Facundo Soto, nos dio la confianza que necesitábamos para emprender el proceso de publicar en formato libro.
Mambo Pablo Rivas, uno de los diseñadores con más onda en el mundo, creó diferentes tapas, respetando la estética que la editorial ya había logrado, y le dio un toque de diseño sensacional. Todas las propuestas que fue creando nos parecían hermosas y elegimos por votación.
Paula Banegas y Virginia Decarli hicieron las imágenes para las tapas y las fotos de autor. Con ellas anduvimos recorriendo distintas locaciones, viajamos en tren, charlando con la gente del furgón y ofreciéndoles un mate. Buscamos fotos que tuvieran que ver a la vez con el autor y con las historias que se narran, pero sutilmente. Nos encantaría convocar a diferentes fotógrafos para cada libro.
Entre todos elegimos el tamaño de la letra, el papel interior, los colores de las fajas que lleva el diseño y cientos de detalles.
Quedan muchos amigos y amigas por mencionar, por agradecer, publicar es algo hermoso, pero sin ellos –sin ustedes- no se hubiera podido hacer.
El que tenga los libros de Paisanita Editora en su biblioteca va a tener los libros de una editorial chiquita, autogestiva, que aporta algo nuevo y da alegría.
¿Cómo seleccionaste los libros?
Seleccionamos los libros de Ariel Bermani y Enrique Decarli porque nos parecieron lindos, felices, tienen un uso del lenguaje que nos da placer. Los dos libros tienen sus años de maduración, están trabajados, corregidos, afinados.
De los dos autores conocíamos mucha obra, y de lecturas recíprocas, que hacíamos por el simple placer de leer, fue surgiendo el proyecto.
Contanos un poco sobre Furgón de Ariel Bermani y Bengalas de Enrique Decarli.
Furgón, de Ariel Bermani, es una novela donde las palabras, las frases, brillan. Negra, Cali, Rubencito, Marina, el Polaco, Ariel, están viajando en el furgón de un tren.
Dicen que el que menos tiene es el que más da, será por eso que los personajes de esta novela ofrecen la máxima riqueza: usan la calle para construir su propio lenguaje, un lenguaje capaz de hacerlos felices.
Los capítulos cortos, que funcionan como estaciones, y las historias que van atravesando el viaje, le dan ritmo y velocidad. Crean el efecto de estar arriba del tren, haciendo el mismo viaje que hacen los personajes, y de repente, dicen cosas graciosas. Ese tipo de frases que cuando te bajás del tren le irías a contar a tus amigos.
Bengalas, de Enrique Decarli, es un libro donde reunimos doce cuentos. El libro cambia si se lee de atrás para adelante o de adelante para atrás. Además, como al pie de cada cuento aparece la fecha y el lugar donde fue escrito, de este dato pueden salir más posibilidades de lectura, como siguiendo la biografía del autor.
Tiene una variedad de cuentos cortos que son perfectos y enseguida van a emparentar con alguna tradición literaria. Pero aunque le roba a todas, a todas les da un giro también, sorprendente y nuevo, creando su propio estilo.
Los cuentos largos son de esos que te maravillan en la primera lectura, y en la segunda, o tercera, te permiten disfrutar el doble, de cada señal que el autor puso en el camino hasta llegar al final.
¿Cuáles son los próximos proyectos de Paisanita?
Estamos trabajando en la tercera colección de plaquetas. Hay muchos autores que nos encantan, y a todos ellos nos gustaría publicar.
También nos enviaron libros, y de ellos se tendrá noticias en 2015 y 2016. Aspiramos a sacar, en 2015, entre tres y cinco libros.
Uno de nuestros mejores proyectos es compartir con las amigas y amigos que nos da la literatura, escuchar sus ideas, unirnos, mejorar, aprender cosas nuevas, disfrutar, darle espacio a nuevos autores y autoras. Una editorial como Paisanita no debe morir jamás.
miércoles, 29 de octubre de 2014
¡Vení a festejar con nosotros!
Salieron los dos primeros libros de Paisanita Editora. Una novela de Ariel Bermani y un libro de cuentos de Enrique Decarli.
Podés conseguirlos a un precio promocional contactándote al e-mail paisanitaeditora@gmail.com o el día de la presentación.
También en todas las librerías que distribuye Galerna.
La presentación será el viernes 28 de noviembre a las 20 hs. en La Vieja Guarida (Guardia Vieja 3777) y contará con la presencia de Alejandra Zina y Leonardo Oyola. Pronto te enviaremos la invitación.
Doce cuentos en los que transitamos por la frontera entre lo que, en apariencia, está ocurriendo y lo que, en apariencia, no está ocurriendo. Pero todo queda en el plano de la tensión. La realidad está a punto de descomponerse, y no sabemos si eso va a suceder en algún momento o tan sólo vamos a seguir esperándolo.
Se mira las manos, que están sucias y resecas y dice capaz me ató a un cohete para llegar al cielo: así empieza (como una premonición) esta aventura en tren que tendrá como protagonistas a Rubencito, Cali, el Polaco, Marina, Negra y Ariel. El realismo inicial pronto cederá al extrañamiento. Y abrirá paso a lo fantástico, para derivar, finalmente, en un escenario onírico que se templa, cálido y entre la bruma de los pastizales, a fuego, vino y guitarra.
Vamos a seguir publicando plaquetas artesanales, hasta ahora ya sacamos cerca de 21 títulos y se viene la tercera colección para fin de año.
miércoles, 1 de octubre de 2014
2 FURGÓN / Ariel Bermani
Una aventura en tren en la que el realismo inicial pronto cederá al extrañamiento. Y abrirá paso a lo fantástico, para derivar, finalmente, en un escenario onírico que se templa, cálido y entre la bruma de los pastizales, a fuego, vino y guitarra.
1 BENGALAS / Enrique Decarli
Doce cuentos en los que transitamos por la frontera entre lo que, en apariencia, está ocurriendo y lo que, en apariencia, no está ocurriendo. Pero todo queda en el plano de la tensión. La realidad está a punto de descomponerse, y no sabemos si eso va a suceder en algún momento o tan sólo vamos a seguir esperándolo.
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