miércoles, 18 de noviembre de 2015
lunes, 9 de noviembre de 2015
OTAKU de Paula Brecciaroli - Invitación
Paisanita editora
invita a la presentación de ◄ OTAKU ►
una novela de
Paula BRECCIAROLI
Nos acompañarán
Patricio Land
Hiroshimadandys
Leonardo Oyola
sábado 14/11
a las 19:30 en Borges 2107.
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viernes, 6 de noviembre de 2015
MINCATURA
Renso Gómez, reseñó BENGALAS de Enrique Decarli para la revista MINCATURA, una nueva publicación virtual especializada en reseñas literarias.
Muchas gracias Renso! y felicitaciones por MINCATURA!
Acá les dejamos el link de su reseña, que copiamos más abajo:
http://mincatura.blogspot.com.ar/2015/10/las-ideas-estan-formadas-por-unidades.html?spref=fb
Bengalas (Paisanita editora, 2014)

Las ideas están formadas por unidades mínimas de partículas y es por ello que cada parte está signada a un sinfín de variables. Del mismo modo que en una muñeca rusa, las ideas se pliegan sobre sí mismas y comprender su mecanismo nos permitirá una sucesión infinita de universos posibles.
por: Renso Gómez
Bengalas es el cuarto libro de cuentos de Enrique Decarli. Aquí el argumento en ocasiones irrumpe, muta o simplemente se pierde, pero no por ello los personajes se molestan ante el cambio. Avanzan según el relato, guiados por todo lo que el la narración calla, una vez que desaparece dentro de las variables que surgen gracias a la prosa impecable del autor.
“Los despojados” comienza así:“Nadie bajó conmigo en la estación. El subte cerró las puertas y arrancó en dirección a Lavalle.” Enrique Decarli propone en este cuento una imagen simple, una idea eficaz, pero no por ello menos compleja. El protagonista nota que está solo y gracias a esa primera observación el argumento comienza a desplegarse en diferentes variables que harán entender al personaje que lo observable está siempre ahí, esperando a quien lo mire.
El libro comienza con la frase de Andrés Rivera que dice: “si se crean fantasmas, será obligatorio creer en ellos”. El autor anticipa con esta frase la posibilidad de encontrar líneas argumentales como fantasmas, que primero modificarán la estructura narrativa inicial y luego la transformarán a través de la emoción y la sencillez de los personajes.
“El único sonido provenía (sinfín) desde más allá de una arcada. Salté en mi pie izquierdo hasta una escalera mecánica y, simplemente, me dejé llevar. En el pasillo me senté en el suelo, descansé un rato contra la pared y quizás me adormecí. De pronto la estación había enmudecido y alguien a mi derecha tosió como a propósito. Abrí los ojos. Era un linyera más o menos de mi edad. Me levanté de un salto, y desde esta nueva perspectiva, entendí por qué, de repente, tanto silencio. La escalera mecánica no funcionaba. Pero no es que se había detenido. Ya no estaba, no estaba más.”
“El Negro Vila era, además de negro, narigón. Tan negro y tan narigón que casi presumía. Por eso cuando lo conocí le agarré bronca. Al poco tiempo nos hicimos amigos y me presentó a su familia. Lo primero que noté fue que ninguno era negro. Ninguno era narigón en la familia Vila. Adoptado de acá a Luján, pensé. Y me dio lástima, pobre Negro. Negro, narigón y adoptado.”
En “El Negro Vila” observamos cómo el hilo argumentativo (y los elementos que de él se desprenden) puede guiarse directamente por la psicología de los personajes. Dentro de una agobiante noche de estudios el autor recrea un encuentro entre dos amigos donde la resolución del conflicto quedará signada a comprender el juego de imágenes que desde la profundidad del Negro Vila aparecerán de manera sencilla e inverosímil.
Las ideas, una vez conformadas, son naturalizadas para concurrir a ellas cada vez que la forma lo requiera. Y por ello quedan en la memoria con la nostalgia de alguien que viaja cada vez que las recuerda. “Reencuentro” es el décimo cuento del libro. Esta vez nos enfrentamos a la sensación que genera la extrañeza de enfrentar dos ideas como imágenes contrapuestas, signadas a un pasado y a una persona que no podemos reconocer ni siquiera en los amigos. Ni siquiera en uno mismo.
Las ideas como partículas toman su forma original dentro del cuento “Cuatro tapas y manijas amarillas” donde el autor dice de ellas: “Por eso a veces tengo miedo. Miedo de que un día me delaten. Supe de rivalidades. De noviazgos. De roturas y separaciones de cables que terminaron en cortocircuito. Por el momento nunca escuché hablar mal de mí. Pero hay días en que me siento amenazado. Observado por mil filamentos incandescentes dispuestos a electrocutarme. Por el cucú, que sale a cantar cuando quiere. La cerradura, en el seno de su combinación, tiene el poder de encerrarme hasta que muera, solo, hambriento. Igual pienso. Pienso y espero. Nada de eso va a pasar mientras no deje de llamar a Miguel.”
Retomando la frase de Andrés Rivera, Enrique Decarli crea un fantasma que se apropiará de todos los elementos que en el relato se hayan desarrollado, y de esa manera, lo narrado irá explorando variables y explotando sus formas como bengalas en manos de un poseído.
Bengalas, Enrique Decarli.
Paisanita Editora 2014. 72 páginas.
Muchas gracias Renso! y felicitaciones por MINCATURA!
Acá les dejamos el link de su reseña, que copiamos más abajo:
http://mincatura.blogspot.com.ar/2015/10/las-ideas-estan-formadas-por-unidades.html?spref=fb
Bengalas (Paisanita editora, 2014)

Las ideas están formadas por unidades mínimas de partículas y es por ello que cada parte está signada a un sinfín de variables. Del mismo modo que en una muñeca rusa, las ideas se pliegan sobre sí mismas y comprender su mecanismo nos permitirá una sucesión infinita de universos posibles.
por: Renso Gómez
Bengalas es el cuarto libro de cuentos de Enrique Decarli. Aquí el argumento en ocasiones irrumpe, muta o simplemente se pierde, pero no por ello los personajes se molestan ante el cambio. Avanzan según el relato, guiados por todo lo que el la narración calla, una vez que desaparece dentro de las variables que surgen gracias a la prosa impecable del autor.
“Los despojados” comienza así:“Nadie bajó conmigo en la estación. El subte cerró las puertas y arrancó en dirección a Lavalle.” Enrique Decarli propone en este cuento una imagen simple, una idea eficaz, pero no por ello menos compleja. El protagonista nota que está solo y gracias a esa primera observación el argumento comienza a desplegarse en diferentes variables que harán entender al personaje que lo observable está siempre ahí, esperando a quien lo mire.
El libro comienza con la frase de Andrés Rivera que dice: “si se crean fantasmas, será obligatorio creer en ellos”. El autor anticipa con esta frase la posibilidad de encontrar líneas argumentales como fantasmas, que primero modificarán la estructura narrativa inicial y luego la transformarán a través de la emoción y la sencillez de los personajes.
“El único sonido provenía (sinfín) desde más allá de una arcada. Salté en mi pie izquierdo hasta una escalera mecánica y, simplemente, me dejé llevar. En el pasillo me senté en el suelo, descansé un rato contra la pared y quizás me adormecí. De pronto la estación había enmudecido y alguien a mi derecha tosió como a propósito. Abrí los ojos. Era un linyera más o menos de mi edad. Me levanté de un salto, y desde esta nueva perspectiva, entendí por qué, de repente, tanto silencio. La escalera mecánica no funcionaba. Pero no es que se había detenido. Ya no estaba, no estaba más.”
“El Negro Vila era, además de negro, narigón. Tan negro y tan narigón que casi presumía. Por eso cuando lo conocí le agarré bronca. Al poco tiempo nos hicimos amigos y me presentó a su familia. Lo primero que noté fue que ninguno era negro. Ninguno era narigón en la familia Vila. Adoptado de acá a Luján, pensé. Y me dio lástima, pobre Negro. Negro, narigón y adoptado.”
En “El Negro Vila” observamos cómo el hilo argumentativo (y los elementos que de él se desprenden) puede guiarse directamente por la psicología de los personajes. Dentro de una agobiante noche de estudios el autor recrea un encuentro entre dos amigos donde la resolución del conflicto quedará signada a comprender el juego de imágenes que desde la profundidad del Negro Vila aparecerán de manera sencilla e inverosímil.
Las ideas, una vez conformadas, son naturalizadas para concurrir a ellas cada vez que la forma lo requiera. Y por ello quedan en la memoria con la nostalgia de alguien que viaja cada vez que las recuerda. “Reencuentro” es el décimo cuento del libro. Esta vez nos enfrentamos a la sensación que genera la extrañeza de enfrentar dos ideas como imágenes contrapuestas, signadas a un pasado y a una persona que no podemos reconocer ni siquiera en los amigos. Ni siquiera en uno mismo.
Las ideas como partículas toman su forma original dentro del cuento “Cuatro tapas y manijas amarillas” donde el autor dice de ellas: “Por eso a veces tengo miedo. Miedo de que un día me delaten. Supe de rivalidades. De noviazgos. De roturas y separaciones de cables que terminaron en cortocircuito. Por el momento nunca escuché hablar mal de mí. Pero hay días en que me siento amenazado. Observado por mil filamentos incandescentes dispuestos a electrocutarme. Por el cucú, que sale a cantar cuando quiere. La cerradura, en el seno de su combinación, tiene el poder de encerrarme hasta que muera, solo, hambriento. Igual pienso. Pienso y espero. Nada de eso va a pasar mientras no deje de llamar a Miguel.”
Retomando la frase de Andrés Rivera, Enrique Decarli crea un fantasma que se apropiará de todos los elementos que en el relato se hayan desarrollado, y de esa manera, lo narrado irá explorando variables y explotando sus formas como bengalas en manos de un poseído.
Bengalas, Enrique Decarli.
Paisanita Editora 2014. 72 páginas.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Radio Montaje - FM La Tribu
El 5 de octubre participamos del programa "RadioMontaje" conducido por Jorge Freytag y Martin Carrizo, compartiendo la columna de Fedra Spinelli.
Gracias por invitarnos!
Les dejamos el link con el audio. Arrancamos en el minuto 53, pero no dejen de escuchar todo este maravilloso programa dedicado a lo mejor del jazz.
http://jorgefreytago915.podomatic.com/entry/2015-10-06T14_30_26-07_00
Gracias por invitarnos!
Les dejamos el link con el audio. Arrancamos en el minuto 53, pero no dejen de escuchar todo este maravilloso programa dedicado a lo mejor del jazz.
http://jorgefreytago915.podomatic.com/entry/2015-10-06T14_30_26-07_00
Revista Ñ
Daniel Gigena reseñó LA SERIE NEGRA de Washington Cucuto para la Revista Ñ de fecha 3 de octubre de 2015.
Gracias Daniel por tu sensibilidad y encanto!
Narrativa argentina. Catástrofes que toman por sorpresa a sus personajes enmarcan los relatos de "La serie negra" de Washington Cucurto.
lunes, 21 de septiembre de 2015
SOLO TEMPESTAD
Anita V. Catania, comenta su experiencia de lectura de BENGALAS, doce cuentos de Enrique Decarli para la revista Solo Tempestad
Gracias queridxs amigxs!
Gracias queridxs amigxs!
El link y más abajo un adelanto de la nota:
Reseña #91- Al borde del estallido
Por Ana V. Catania
El día que conocí a Enrique Decarli tuve el atrevimiento de decirle que no era amiga de lo breve. Estábamos reunidos en el departamento de Ariel Bermani, al sur de la ciudad, en el marco de su taller de lectura donde, ese martes, íbamos a comentar en grupo el libro de cuentos Bengalas. Esa vez contábamos con la presencia del autor. In situ. Enrique estaría presente en nuestro debate sobre el libro. Conversaríamos con él; intercambiaríamos opiniones, ideas, miradas sobre la misma materia. Lo llenaríamos de preguntas, entre mates, tés, y galletitas.
Minutos después de decir eso, agregué: y sin embargo, estos cuentos no podrían tener otra extensión. Cité, entonces, a Felisberto Hernández: el clima, la música, el manejo de los espacios, el extrañamiento, las pequeñas explosiones de sus cuentos, los destellos de esperanza en personajes que parecen desesperanzados. Fue a continuación de que una compañera del grupo propusiera encender una luz. “Nadie encendía las lámparas”, escuché recitar a Enrique; en su voz baja había un tono de admiración y homenaje. Y me alegré con esta fantástica sincronicidad. Porque en los cuentos de Bengalas yo oí a Felisberto Hernández.
Traté de explicar, quizás torpemente, por qué no soy amiga de lo breve: me siento más cómoda (como lectora y escritora) en la progresión, en la lentitud, en la posibilidad de dar tiempo a que el lector se acomode, a que genere empatía con los personajes; juego el juego de aplazar la acción. Y, a pesar de esto, envidio enormemente la capacidad de economía, la precisión, la dosis calculada de poesía, la maestría que tienen las plumas breves. Intentaré traspolarlo al cine; pienso, ahora, en un cortometraje sublime: Le Ballon Rouge (Albert Lamorisse, 1956). En este film, el espectador es lanzado, sin preliminares, a la historia: la de un niño con un gran globo rojo que viene a imponerse; que desajusta la rutina de un barrio de París, los vínculos entre los niños, y entre éstos y los adultos. La rareza, lo que incomoda, hipnotiza o fascina, ya está dada. Lo fantástico se naturaliza y se acomoda al paisaje; no se insinúa ni dialoga con la narración: está arrojado desde el vamos.
Con los cuentos de Bengalas sucede lo mismo. Los personajes se encuentran arrojados a situaciones que podrían resultarles ajenas, extrañas. Por momentos, absurdas. Y sin embargo, no las cuestionan; se sumergen en ese universo que, sin saberlo aún, los modificará de una manera u otra. Por supuesto esto queda por fuera del relato; y es así como debe ser. No se ahonda en el misterio, no se explica o se responde. Simplemente se lo muestra, se lo abre, en su dimensión vaporosa, sutil e inmediata. El abogado del primer cuento, “Los Despojados”, descubre un mundo subterráneo, oculto a la vista de todo el mundo, en una estación de subte de la línea C; una dimensión que lo obliga, por ¿segundos? ¿minutos? ¿horas? ¿una vida entera?, a mirar la realidad con otros ojos: “Entonces me pidió que volviera a mirar. Que por favor mirara bien. Que por un segundo me olvidara del mundo de arriba”.
Sanlugón, en el relato homónimo, renuncia a su trabajo de oficina, su trabajo de toda la vida, porque padece una enfermedad hereditaria que lo encoge silenciosa y progresivamente; su colega interlocutor no se asombra, no emite juicio ni entra en pánico. Es cómplice de este pequeño y ridículo drama: “Tuvo la delicadeza de dejar el trabajo de día. El sentido del humor de firmar una renuncia. Me dio un abrazo. Abrió la puerta y salió. Me demoré un minuto y salí tras él. No estaba. Fantaseé con la idea de que en el tramo hasta el ascensor había terminado de encogerse”.
En “Algo más importante que instantes o tropiezos” (y ya hay una historia condensada en este título, que proviene de una cita de Angélica Gorodischer), el narrador acompaña la historia de su mejor amigo de la infancia y la adolescencia, el Rafa. Y justo ahora, pasados los treinta, tiene un destello, un asomo de verdad, una epifanía, sobre quién es, verdaderamente, su amigo: ese que “no aprendió a vivir”, que “no se amolda”. Lo deberá buscar siempre en los márgenes, en el terreno baldío a la vuelta de su casa, colonizado por cañas y hormigas, donde él, el narrador, es un extranjero; lo encontrará, acaso, en la frontera con ese otro mundo: “Pero yo sé que un día voy a ir a buscarlo a la casa y el sueño va a ser real. La madre se asoma por la ventana. A la vuelta, dice, a la vuelta. La voz del Rafa llega desde el fondo del cañaveral. Como en trance, llega, por lo lenta. Y como poseída, por lo grave”.
Los objetos, en otros relatos, se develan extraños; parecen humanizarse y cobrar un efecto distinto, más allá de la mera función. Un efecto de tensión. En “Cuatro tapas y manijas amarillas”, un plomero le hace preguntas al bombeador; las partes de su cuerpo se pierden en la caja y parecen convertirse en herramientas; las llaves térmicas hablan, y es probable que la cerradura de la puerta conspire contra el dueño de casa. En otros cuentos, son las personas las que se extrañan ante la mirada del otro, como un murmullo que amenaza con convertirse en grito: Maxi, un amigo al que Rolfi no ve hace un año y con quien se reencuentra en un bar de Paraguay y Scalabrini Ortiz, en “Reencuentro”, ¿es realmente Maxi?; una mujer que nada en el andarivel vecino al del narrador, en “ Un destello de oro blanco”, ¿qué tipo de mujer es?: “Podía ser ese prodigio de nadar a la velocidad de la luz – porque ese destello de oro blanco, qué había sido-: trescientos mil kilómetros por segundo sin manoplas ni patas de rana, ¿podía, de alguna manera razonable, ser así? Lo que acababa de ver. Que creía haber visto porque abajo del agua el mundo es otro, ¿podía ser? Esa cola de pescado que se unía a la malla entera azul que había visto pasar como un relámpago”.
Es así como nos impactan los doce cuentos que conforman Bengalas: como un relámpago. Y en ese microsegundo en que la realidad parece a punto de descomponerse, no sabemos si esto va a suceder en realidad o vamos a seguir esperando. Nos quedamos, entonces, en vilo; en el secreto. Tal vez sea éste el hilo conductor que atraviesa el libro entero: las diferentes formas del secreto, lo que se oculta, lo que se mantiene flotando a un costado. Por ejemplo, el contenido del bolso del padre, viajante de comercio, en “Vía Láctea” (mi cuento preferido, ¿tendrá que ver la extensión?: un cuento de iniciación narrado por la voz de ese hijo que revive un viaje a Mercedes, como un modo de reconstruir el pasado y, así, construir la imagen de Padre); decía, ese bolso es un elemento misterioso, que nos incomoda, que guarda un secreto de años, un secreto que orbita alrededor de la historia familiar: “Agachado al lado del bolso volvieron mil preguntas. Y en realidad, no. La misma pregunta. La única. Formulada mil veces mil veces sin respuesta. Qué llevaría adentro para que pesara tanto. A medida que fui abriendo el cierre, fue abriéndose, despacio, el recuerdo del último viaje”. Nuevamente los objetos que se abren, siempre al borde del estallido: como las bengalas del último cuento, las bengalas en un ambiente cerrado, en manos de una nena cuyo padre, un padre cansado o resignado o a punto de liberarse, sabe peligrosas. Y que, a pesar de esto, no actúa, no dice nada, no se mueve.
Después de reseñar Bengalas, el cuarto libro de cuentos de Enrique Decarli; después de haberme atrevido a disecar lo poderosamente breve, me siento una criminal. Porque ahora es cuando me pregunto: ¿de qué sirve dar cuenta de esos mecanismos invisibles, sutiles, que a modo de engranaje sostienen una trama impregnada de elipsis, silencios; atravesada por el misterio y la extrañeza? Quizás deba quedarme al borde de esos doce estallidos; parada en el intersticio entre dos ¿o más? dimensiones. Muda. En vilo. Mientras tanto, “afuera crecen los estruendos”.
Bengalas (2014)
Autor: Enrique Decarli
Editorial: Paisanita Editora
Género: cuentos
martes, 25 de agosto de 2015
Olfa Mag
Luciana Cáncer reseña LA SERIE NEGRA de Washington Cucurto.
Gracias Olfa Mag!
Le copiamos la nota completa, que también pueden leer visitando esta flamante revista:
http://www.olfamag.com.ar/washington-cucurto-la-serie-negra-paisanita-editora-2015/
Gracias Olfa Mag!
Le copiamos la nota completa, que también pueden leer visitando esta flamante revista:
http://www.olfamag.com.ar/washington-cucurto-la-serie-negra-paisanita-editora-2015/
WASHINGTON CUCURTO – “LA SERIE NEGRA” / PAISANITA EDITORA – 2015
14 AGOSTO, 2015
La serie negra de Cucurto es un volumen de cuatro relatos imposibles. Poderosa ciencia ficción policial, prosa recargada de sexo, verborragia animal, ironía y esperanza en historias que hablan, siempre, de literatura, de política, y de alguna forma de amor.
La serie negra propiamente dicha es la historia de un futuro, tal vez una realidad paralela, que pinta a una Argentina superpoblada de editoriales independientes. “Economías alternativas y asociativas” brotan a la primera de cambio, con lo poco que sobra para montar un negocio propio, y estructuran la vida individual y social: ¡Argentina es un país con más libros que lectores! Florecen oficios por doquier: imprenteros, encuadernadores, diseñadores o ilustradores. El tiempo, todo, se emplea en consumir libros. Ya no queda tiempo para escribir. Como sucede en todos los mundos, este mundo increíble tiene un mega villano que desea apoderarse de él a través del robo espectacular de la fórmula del último boom: el precioso y original libro cartonero.
Prisioneras de Dios es la historia de un amor inter-especie (hombre versus mujer iguana), que nace en la lectura de un libro de poesía. O tal vez ese sea el punto de partida para contar otra cosa: una aventura mística y sobrenatural que transcurre en una Buenos Aires llovida por virus espaciales, mutadores, despertadores de enfermedades nuevas. En este contexto, Cucurto planta protagonistas con nombres de historieta que corren una carrera llena de obstáculos para salvar a la ciudad. O, al menos, para salvarse. Hasta la batalla final en un Parque Lezama decorado con montañas de cocaína espumosa y blanca.
Bukowski no es solamente un homenaje al querido escritor. Es un recorrido por un mundo donde la Coca-Cola corre peligro de extinguirse. Pero no es esa la parte delirante de la historia. La historia toda es un delirio lúcido y atrapante con base en una fábrica subterránea en la ciudad de La Paz: una sociedad de hombres, mujeres y niños que no conocen otra forma de vida que no sea producir el brebaje adictivo y marrón; además de reproducirse ferozmente, incestuosamente. Bolivia tiene el poder de continuar o de terminar con el imperio Coca-Cola, dirigido por un argentino ciego de poder, con inquietudes artísticas, que obliga a sus empleados a producir sin parar y a leer a Bukowski.
Evita traicionera vuelve al policial cartonero contado a dos voces. Contrabando de armas camufladas en una librería del barrio del Abasto, revolución cartonera y secuestradores exprés que se enfrentan en un tiroteo y explotan masa encefálica, piernas y brazos, a una cuadra de Plaza de Mayo.
La lectura de este libro se convierte en un acto de voracidad. Imparable como su prosa que no para de crear ilusiones imposibles pero palpables. Ciencia ficción lunfarda que arrasa.
Por Luciana Cáncer
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