Queridxs amigxs, durante el 6 y 7 de agosto vamos a participar por primera vez de la Feria de Editores, junto a más de 80 editoriales independientes.Será una oportunidad para encontrarnos, conseguir libros con grandes descuentos, participar de charlas, sorteos y cientos de actividades.
La entrada es libre y gratuita.
¡Lxs esperamos!
miércoles, 27 de julio de 2016
jueves, 14 de julio de 2016
Procesos Técnicos de Ariel Bermani
Por, María Insua
Soy una que guardó los posteos de Procesos Técnicos
Durante un buen tiempo guardaste los posteos de Bermani en un documento para volver a leerlos. Eliminalo. Ya salió el libro.
Ahora que lo tenés leés la contratapa y ya sabés que no será una versión de Mientras escribo o de, Las clases de Hebe Uhart.
Lo hojeás, parecen fragmentitos, así que te hacés un mate para leerlos de un tirón.
Te acomodás en el sillón. Pero cuando estás en la página 3, te levantás a buscar un lápiz.
Escribís signos de exclamación, subrayás, ponés, “Tener en cuenta”, ponés, “pensarlo”, ponés, “uh, tiene razón”.
No creas que sos la única que se queda leyendo 5 veces las mismas 2 oraciones, y que vuelve a la página anterior porque se quedó pensando. Cuando estés yendo a renovar el mate, vas a pensar en tus lecturas, en tu escritura, en tus amores, en tus recuerdos, jodidamente atrapada por la literatura.
No muerdas el lápiz, ya llegará el momento de poner: “esto me gusta menos”, esa negación suavizada que se te pegó de frecuentar a Bermani, a quien se le pegó de frecuentar a Borges.
Habrá momentos, en las primeras págs., en la 77, o cuando releas la pág. 11, que vas a querer largar el libro para ir a escribir todo lo que creés que, “ahora, sí, ahora sí vas a poder”.
Ese “yo” que se confiesa, tan atractivo, que te confunde al punto de preguntarte, ¿esto lo pensé yo y lo escribió Bermani?, es un yo colectivo y existencial al mismo tiempo, que también se pregunta, si no, escuchá cuando la cita a Leonora Carrington, “El mundo que pinto no sé si lo invento, yo creo más bien que es ese mundo el que me inventó a mí”.
Te advierto que no le hizo caso a Lopérfido y habla de política. Cuando leas: “poner en común la lectura de un texto”, revisá tu participación política, porque los procesos técnicos son políticos.
Lo podés postear cuando quieras. Te recomiendo el de la pág. 14 para el face.
No vas a encontrar dónde este libro reconoce que nos vamos a morir. Pero vas a entender que habla de eso, y lo enfrenta. Que te cuenta sobre las horas en que no se lee ni se escribe, pero que, mientras tanto, se puede caminar junto a Eros.
Sabés que nadie te puede enseñar a escribir. No busques tips en este libro. Pero no te pierdas de encontrar todo lo que implica escribir. Bermani lo cuenta a veces en forma poética, a veces como si fuera una charla entre amigos.
Cuando termines el libro, leé esto de Yves Bonnefoy: “Hoy no sólo pensamos y hablamos de manera conceptual, con nociones y representaciones generales, que nada saben del tiempo, que nos hacen olvidar nuestra condición de mortales, que nos impiden comprender el valor fundamental del instante vivido”.
Ariel Bermani te muestra eso en Procesos Técnicos, el valor fundamental del instante vivido.
No es un libro que tranquiliza conciencias, ni da respuestas. Cuenta de modo amable, generoso y descarnado, los momentos en que un escritor no lee ni escribe, o quién sabe, tal vez, sí.
miércoles, 13 de julio de 2016
Presentación de Flipper, de Enrique Decarli
El 24 de junio de 2016, presentamos FLIPPER la novela de Enrique Decarli, en La Libre, una de las librerías más hermosas de Buenos Aires.
Macarena Moraña y Ariel Bermani nos comentaron su experiencia como lectores.
Nos quedamos hasta muy tarde, charlando, leyendo, revisando las mil publicaciones de La Libre. Ariel inició una caída olímpica desde la silla y para disimular se produjo un scrum de invitadxs, entre ellxs Juan Imassi y Pablo Oubiña. Vinieron tantxs amigxs, míticos editores, escritorxs, turistas, que no sabíamos si el primer piso de La Libre iba a aguantar. Hubo sorteo, preguntas y brindis.
Tierna como un niño, hábil como un sobreviviente, la novela FLIPPER salió al mundo de lxs lectorxs.
¡Gracias a todxs!
imágenes de Daniel Peluffo
Macarena Moraña y Ariel Bermani nos comentaron su experiencia como lectores.
Nos quedamos hasta muy tarde, charlando, leyendo, revisando las mil publicaciones de La Libre. Ariel inició una caída olímpica desde la silla y para disimular se produjo un scrum de invitadxs, entre ellxs Juan Imassi y Pablo Oubiña. Vinieron tantxs amigxs, míticos editores, escritorxs, turistas, que no sabíamos si el primer piso de La Libre iba a aguantar. Hubo sorteo, preguntas y brindis.
Tierna como un niño, hábil como un sobreviviente, la novela FLIPPER salió al mundo de lxs lectorxs.
¡Gracias a todxs!
imágenes de Daniel Peluffo
martes, 12 de julio de 2016
La Primera Piedra
Compartimos la hermosa reseña del libro "Hay gente que no sabe lo que hace" de Alejandra Zina, que escribió nuestro querido amigo Gustavo Yuste para la revista digital La Primera Piedra.
En su versión digital la encuentran en el siguiente link: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2016/07/resenas-caprichosas-gente-no-sabe-lo-alejandra-zina-mujeres-bellas-fuertes/
En su versión digital la encuentran en el siguiente link: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2016/07/resenas-caprichosas-gente-no-sabe-lo-alejandra-zina-mujeres-bellas-fuertes/
RESEÑAS CAPRICHOSAS – “HAY GENTE QUE NO SABE LO QUE HACE” DE ALEJANDRA ZINA: MUJERES BELLAS Y FUERTES
Escrito por Gustavo Yuste 11 julio, 2016
En los cuentos de Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) de Alejandra Zina, las mujeres asumen el protagonismo de las historias a través de experiencias personales que, sin embargo, muestran el universo de lo femenino desde una perspectiva más que interesante. Con un estilo ágil y sin rodeos, la autora hace del ocultamiento un arma clave a la hora de narrar y, también, a la hora de denunciar las situaciones que socialmente se le imponen a ese género.
Sobre la autora
Alejandra Zina nació en Buenos Aires en 1973. Publicó la antología Erótica argentina y, en co-autoría, la compilación En primera persona. Correspondencia argentina en dos siglos. Tiene editado el libro de cuentos Lo que se pierde (Carne argentina, 2005) y la novela Barajas (Plaza&Janés, 2011). Relatos suyos integran diversas antologías de Argentina y España. Ha publicado cuentos, notas y reseñas en Clarín, Ñ, Perfil, El Litoral, Mil Mamuts y El Ojo Mocho, y en las revistas españolas Culturamas y Calibre 38. Es una de las organizadoras del ciclo Carne Argentina. Coordina talleres de escritura de forma particular y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica.
(Leer nota relacionada: Editoriales Independientes #1 Paisanita Editora: “Todas las editoriales independientes hacen un trabajo que merece ser festejado”)
Mujeres bellas y fuertes
Los siete cuentos que integran Hay gente que no sabe lo que hace (Paisanita Editora, 2016) de Alejandra Zina cuentan con un factor en común: la mujer como protagonista y centro. Pasando de una primera a tercera persona dependiendo el cuento, Zina introduce al lector dentro del universo femenino a través de historias que, pese a su realismo, siempre esconden un misterio que es necesario completar.
Las distintas protagonistas de los relatos de Hay gente que no sabe lo que hace logran hacer ver el mundo a través de los ojos de una mujer de determinada edad y contexto según el cuento. Justamente ahí radica una de las claves de la autora: no caer en estereotipos femeninos que se le cargan a las mujeres, no solo en la sociedad en general, sino muchas veces en la literatura en particular. Las distintas voces que aparecen en las historias que narra Alejandra Zina cargan con un encanto y misterio que las vuelve únicas en su complejidad y es el lector el que debe esforzarse para ir de la mano con ellas.
En ese mismo sentido, fiel a su estilo ágil, directo y hábil, Zina logra que este libro denuncie desde la literatura misma, sin necesidad de caer en estilos panfletarios. Dentro de cada universo retratado por la autora, las mujeres se encuentran inmersas dentro de las dificultades y problemáticas que el mundo actual las obliga a transitar. Los miedos de ser mujer en una sociedad machista son, a su vez, compensados con la habilidad de Zina para mostrar el coraje femenino en las situaciones cotidianas de la vida.
Otro aspecto a destacar dentro de este volumen de cuentos es que existe una variedad que, lejos de ser forzada, lo vuelve aún más natural y realista. Distintas historias, contextos disímiles y protagonistas femeninas de distintas edades van construyendo mundos de forma casi fotográfica, sobre todo si se tiene en cuenta que hay mucha información que no se revela y es el lector el que debe reconstruir, ya que, donde algo se exhibe, algo se esconde al mismo tiempo.
Alejandra Zina demuestra en este libro el por qué ocupa cada vez más un lugar dentro de los autores destacados de la literatura argentina contemporánea. Los cuentos de Hay gente que no sabe lo que hace invitan a sumergirse dentro de un mundo de mujeres fuertes sin importar la edad o la condición social, a poder ver la vida bajo la bella complejidad de ser mujer en la sociedad actual.
GUSTAVO YUSTE
(Casi) Lic. en Ciencias de la Comunicación, escritor y poeta. Porteño, argentino y sudamericano. 24 años.
lunes, 11 de julio de 2016
BENGALAS de Enrique Decarli
Por, Alejandra Zina
Sobre Bengalas
Soy
una lectora compulsiva de cuentos, me gusta agarrar un libro y leer uno por día
hasta terminarlo, metódicamente, como una dieta o un rezo. Tengo un lugar que
es la cocina de mi casa, ahí estoy sola, y mientras desayuno leo. Mi día desde
hace varios años arranca así. Nunca lo reflexioné pero debe ser que la lectura
amortigua un poco la vigilia, como un despertar en etapas. Leyendo sigo en un
estado de suspensión, de realidad paralela, mientras todo alrededor hace ruido,
se mueve y produce para subsistir.
Ese
estado de suspensión potenciaba todavía más los climas que me fui encontrando
en el libro de Enrique. Mientras leía los cuentos de Bengalas, me acordé de
algunas cosas. Leer siempre es acordarse de algo.
na
de las primeras veces que visité Casanova, íbamos en la vieja camioneta de mi
suegro que nos había pasado a buscar por la estación de Morón, y en una esquina
apareció uno de la Bonaerense haciendo dedo. Mi suegro frenó, le preguntó para
dónde iba y lo levantó. Es Navidad, dijo él para excusarse, pero igual generó
una tensión familiar sobre hacer o no hacer esa clase de cosas. Que es una
tensión más profunda en relación al poder y a lo que significa la policía en
esos barrios. Con un episodio similar empieza “Vía Láctea”, un cuento bellísimo
que para mí es el clímax del libro. Pero Enrique esquiva lo siniestro y apuesta
al relato de aventura.
Un
padre viajante de comercio decide llevar a su hijo adolescente a uno de sus
viajes de trabajo. Yendo para San Luis los para la caminera y el mismo policía
que los aborda, les pide “la gauchada” de que lo acerquen hasta Mercedes. El
padre desvía su ruta y en ese desvío empieza la aventura, que es un viaje de
iniciación y de despedida.
Otros
cuentos del libro me hicieron acordar a los relatos más oníricos de Mario
Levrero, donde todo puede suceder, donde los paisajes cotidianos dejan de
serlo, donde las personas conocidas se vuelven perfectos desconocidos, como
ocurre en “Reencuentro”.
Enrique
trabaja sobre la premisa de lo literal. El cuento que acabo de mencionar hace
literal una expresión muy común que usamos cuando volvemos a ver alguien
después de mucho tiempo: estás tan cambiado que parecés otro. Y parece otro. Y
es otro. No hay metáfora ni símbolo ni alegoría, sino otra realidad.
En
este país paralelo un hombre se achica hasta desaparecer (como en la famosa
historia de Richard Matheson, El increíble hombre menguante); todos los
funcionarios renuncian en masa sin dar ninguna explicación; un jinete
enmascarado cruza a caballo la plaza del pueblo; una sociedad de linyeras
mutantes vive en los pasillos y andenes del subte.
Casi
todas las historias del libro se alimentan, voluntaria o involuntariamente, de
esa fuente maravillosa que es el fantástico rioplatense, agregándole algunos
trazos de humor o de absurdo. Sin tapar la voz de Enrique se escucha
Fontanarrosa, Laiseca, Felisberto, Maslíah, como un coro de maestros
irreverentes.
Es
inevitable. Apenas nos metemos adentro del agua, adentro de la escritura,
aparecen esas algas que son las influencias que se enredan en el pie sin que
las busquemos.
A
esta tradición de narrativa dislocada se suman los cuentos de Bengalas. Me
gusta lo que dice el narrador de “Un destello de oro blanco”: Abajo del agua el
mundo es otro. Me gusta porque ese es el hueso del cuento fantástico. Lo
extraordinario que irrumpe, luego desaparece, y deja una sensación de
nostalgia.
viernes, 8 de julio de 2016
"Procesos Técnicos" de Ariel Bermani
Por, Pablo Goodbar
Manual de procedimientos
Procesos técnicos es el décimo libro de Ariel que tengo en casa. Según las solapas de sus libros, tiene nueve libros publicados. Pero tengo uno que no quiere reconocer, una especie de hijo prematuro no deseado, con algunos poemas y uno de esos perros en la tapa.
Ya no escribo, y nunca escribí sobre Ari. Tal vez es el momento de hacerlo.
Escribe desde hace mucho, ¿treinta años tal vez? Cuando nos conocimos, tenía muy buenas ideas, y hablaba obsesivamente sobre lo que pensaba escribir. Pero cuando escribía esas ideas, cuando las mostraba, había un clima de frustración en el aire. Nada era como lo pretendido, nada salía del todo bien. Esa diferencia entre lo anhelado y lo concretado, entre el producto deseado y el logrado, no es una idea demasiado original. En la inmensa llanura de las citas, recuerda a aquel joven escritor de la década del 40 que provocaba la decepción de otro, más experimentado, que se decepcionaba de los cuentos, de las novelas embrionarias, del aprendiz.
La persistencia, el aprendizaje, el trabajo, las experiencias vividas, mejoraron su literatura, lo acercaron al objetivo deseado. Ariel es un escritor con su propia voz, algo que pocos pueden lograr. Supe que había empezado a encontrarla cuando leí por primera vez Autos, un cuento de infancia en el conurbano sur, que mucho después apareció en Ciertas chicas.
Digo ahora algo que no le diría personalmente: lo admiro, por esa búsqueda perpetua de la línea adecuada, precisa, para cada situación narrativa, pero sobre todo por haber logrado eso que quería, ser un escritor, un narrador, a partir de la persistencia en el oficio de escribir. Admiro eso, la superación de sus límites, y cuando lo leo, creo ver las marcas de esos saberes, similar a las marcas que dejan las mareas en una playa vacía.
Esa es una idea que compartimos desde que nos conocimos, y nos hicimos amigos. La escritura es un oficio, como cualquier otro, que debe aprenderse con paciencia y trabajo, como aprende un carpintero o un boxeador sus propias artes. La literatura como oficio requiere también de cierta dosis de autoconocimiento, comprender las capacidades y los límites que tenemos.
Ariel aprendió a leer, a vivir según sus reglas, y finalmente a escribir, a través de un largo camino por la propia incertidumbre. Para la escritura, para la vida misma, nos acompaña ese viejo párrafo de Walsh: Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.
Los Procesos técnicos constituyen la parte central del oficio de bibliotecario. Es la parte de atrás de una biblioteca, donde los libros se catalogan, se miden, se clasifican, en esa búsqueda obsesiva de clasificar todo lo que existe. Comparar esa tarea con el largo oficio de escribir es un acierto inicial de este libro.
En una biblioteca, redactar un manual de procedimientos significa explicarle a quién vendrá en el futuro cómo se hicieron las cosas, cómo aplicamos en este caso particular las leyes generales del universo de las bibliotecas. Es decir, un manual de procedimientos implica una pretensión de traspasar todo lo realizado. La práctica del buen bibliotecario es obsesa y detallada, sigue planes precisos, que pretenden perdurar a través del tiempo. Superar el paso del tiempo es una de las dos pretensiones utópicas de de toda biblioteca. La otra es aún más ambiciosa: contener todo lo escrito, todos lo vivido en la historia humana, antes de la modernidad imperial de Google.
Permítanme estar en desacuerdo con el texto de la contratapa de Procesos técnicos. Este libro se inscribe en un género ya clásico: los manuales de escritores sobre su oficio. Este tipo de libros contienen, en general, un recorrido por la propia estética escogida y pulida, y una ética, la ética de cómo debe escribirse según cada autor. Estos elementos están presentes en este libro.
Cuando trabajábamos en la misma biblioteca, Ari era conocido por varias conductas notables: leía todo el tiempo, muchas veces sentado en el baño de la institución; se golpeaba casi todos los días con la misma estantería metálica; y era muchas veces objeto de las burlas de varios de los personajes de Leer y escribir. Pero un proverbio ancestral, de sus tierras de origen, lo rescató: la venganza es un plato que se come frío.
Un ejemplo de esta clase de libros está en un viejo escritor italiano que leíamos entonces, en Cesare Pavese. Sus diarios, sus escritos sobre la poesía y el oficio de escribir, están presentes en Procesos técnicos, aunque su estética esté bastante alejada de la de Ariel.
Pero su estilo, su ética literaria, está más cerca de la teoría del iceberg del primer Hemingway. En este libro se dice de distintas formas:
“El escritor como un carpintero. Martillar, serruchar, modelar, tallar. Trabajar la prosa como si fuera madera. Sentir la solidez de la escritura” / “Que necesitemos imaginar a los personajes. Que lo más importante sea lo que ignoramos” / “La construcción linda -escritura que te envuelve y te seduce-. Imágenes misteriosas, que abren las situaciones, que nombran, apenas, la punta del iceberg. Tal vez esas sean dos de las claves más importantes del texto literario”.
Hay más ejemplos de su arte poética, encubiertos de citas secretas. Buscarlos, encontrarlos los hará disfrutar, se los recomiendo. Por puro capricho personal, recomiendo dos páginas más.
La 107 dice: “Soné que me encontraba con dos amigos que no veo hace bastante. Amigos de toda la vida, desde la época del nacional de Adrogué. Uno vive en Wellington. El otro en Villa de las Rosas. En el sueño, nos encontrábamos en un tren. Los tres estábamos en el mismo vagón, parados, a pesar que el vagón estaba vacío. Uno de ellos tenía la barba y el pelo muy largos. El otro, el mismo aspecto de antes –de siempre-, y con algunas canas. Sin preguntarnos qué hacíamos ahí, sin saludarnos, nos pusimos a conversar. Yo estaba por casarme. Una de esas cosas que pasan en los sueños. Hablamos de eso y de otras cuestiones, pero no me acuerdo de los detalles”.
La 120 dice: “Escribir, es decir, boxear. Puro esfuerzo físico. Rapidez mental, el cansancio en todo el cuerpo. Buscar el golpe, el cross a la mandíbula. Pegar fuerte, a veces. Pegar de a poco, con método, siempre. Como Galíndez en Johannesburgo”
Para ser leal a la ética del autor, ya no diré más, decir más es hablar demasiado, talk is cheap. Ya no.
sábado, 2 de julio de 2016
"Hay gente que no sabe lo que hace", de Alejandra Zina
Por, Ariel Bermani
Son siete los cuentos que componen este libro. Se trata del tercer libro
de Alejandra Zina. En 2005 publicó Lo que
se pierde, su primer volumen de relatos. En 2011 su primera novela, Barajas. Zina necesita que pasen 5 o 6
años para dar a conocer el material nuevo. Es una autora que se toma su tiempo
para escribir, para corregir, para darle espacio a su obra, para esperar que
madure. En una época como esta, donde la cita de Lamborghini está más presente
que nunca –“publicar, después escribir”-, Alejandra Zina escribe. Primero,
escribe.
Hay gente que no sabe lo que hace es un conjunto de relatos
protagonizados por mujeres. Mujeres que viven en la ciudad de Buenos Aires. Una
de ellas acompaña a la madre, que decidió cortarse su larguísimo pelo. Otra
lleva de paseo a las hijas de su pareja. Otra observa cómo funciona la vida
cotidiana en una peluquería. Otras se reúnen con frecuencia, desde hace mucho
tiempo. Mujeres jóvenes, mujeres que están envejeciendo, viejas, nenas. Un
conjunto heterogéneo de mujeres.
Los relatos de este libro se mueven con comodidad en una realidad banal.
Sin embargo, la amenaza, la sensación de que esa realidad es solo aparente, de
que todo puede derrumbarse en cualquier momento, acecha. Las acecha, a ellas, a
las mujeres de Zina, que son la gente que no sabe lo que hace. O lo saben, pero
no se lo cuestionan.
Estos cuentos nos involucran en la vida de sus personajes, con
intensidad, y en algún momento, cuando las historias parecen a punto de
estallar, de quebrarse, nos expulsan. No tienen principio, ni final. Entramos y
salimos de los cuentos como si estuviéramos espiando por la ventana a unas
mujeres que nunca llegaremos a conocer. Pero que están tan cerca que nos dejan
la falsa sensación de que las conocemos bien.
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