martes, 11 de diciembre de 2018

Sirius, por Martín Schifino


Me da mucho gusto poder decir unas palabras sobre la traducción de esta originalísima novela de Pierre Fankhauser. Es difícil hablar de la traducción en general, porque traducir literatura, como dice por ahí Javier Calvo, es enfrentarse a menudo a «situaciones particulares, voces distintas y excepciones a excepciones». Pero podemos charlar un rato de la particularidad de traducir un libro como Sirius.
De hecho, hubo muchas particularidades. La novela utiliza muchos lenguajes distintos: lenguajes propios de investigaciones forenses, artículos periodísticos, folletos informativos de una secta, cartas de una empresa de seguridad, descripciones de un espectáculo de danza, un reportaje en el que falta una de las voces y varios otros registros. El conjunto es como un collage de documentos encontrados, y la visión total se forma en la mente del lector. Se diría que Pierre tiene muy presente la idea cortazariana de que la literatura es todo lo que se lee como tal, y una de las magias de su novela es convertir en literatura ciertos discursos con muy poco de literario.
Para los lectores, eso es una gran noticia. Pero a un traductor no se lo pone fácil. Yo no sé nada de medicina forense, ni de sectas, ni de empresas de seguridad, ni para el caso de danza; apenas sé un poco sobre periodismo, y lo que sé es que hay que evitar el lenguaje periodístico a toda costa. ¿Cómo hago para serle fiel a una variedad de cosas más o menos desconocidas? La respuesta es que hay que buscar muchas cosas en diccionarios y páginas de internet. Pero quizá lo más importante es encontrar un tono adecuado. Y ahí la decisión es más personal. Con Pierre hablamos mucho del tema. A él le preocupaba que mi versión sonara demasiado pulida, con un exceso de «neutralidad literaria», y a mí me preocupaba exactamente lo contrario, porque si no sonaba bien, la culpa iba a ser mía… Al final, tomamos la decisión de traducir lo que pertenecía a la lengua con expresiones propias de la lengua y lo que pertenecía al autor con expresiones de cuño propio.
También tomamos alguna que otra decisión adaptativa. Por ejemplo, hubo que buscar un título para la serie de capítulos llamada «Contre-enquête». «Contra-investigación», aunque sea el título con el que se tradujo la película francesa llamada Contre-enquête, no me parecía una palabra del español usado en la vida real. ¿Investigación alternativa? Podía ser, pero tampoco me convencía. Entonces me acordé de que la novela de Kamel Daoud Meursault, Contre-enquête había sido traducida al español como Meursault, caso revisado. Me pareció una solución perfecta. Así que les pusimos a los capítulos: «Caso revisado». Gracias a Teresa Lanero, la traductora de Daoud.
Y gracias, también, a Pierre. Toda traducción es una obra en colaboración, pero esta lo fue más que la mayoría. Pierre no solo aclaró mis dudas sobre algunas frases particularmente elípticas, sino que aportó su experiencia como hablante de español para mejorar mis propuestas. Hablamos de cosas bastante técnicas: el peso específico de los verbos en los dos idiomas, la voz pasiva, las nominalizaciones, las distintas formas del pretérito, los pronombres posesivos y la puntuación. Esto no tiene mucho interés para los lectores, pero son la sal de la traducción, y para mí fue muy entretenido poder hablar de ellas con el autor. Lo bueno fue que pudimos afinar mucho la sintonía.
Y la cosa no acabó ahí. Cuando teníamos todo listo, Pierre le entregó el texto la editorial y Gabi Luzzi, la editora de Paisanita Ed, se lo devolvió con unas cuantas correcciones. Cuando empieza a traducir, uno se preocupa mucho por estas cosas; hay incluso quien se ofende. Pero en este caso me alcanzó con un echarles un vistazo para despreocuparme. La corrección respetaba el tono, pero acercaba la novela al español rioplatense, evitando el registro neutro de la versión anterior. Me parece muy oportuno teniendo en cuenta que Pierre terminó de escribir la novela en Buenos Aires.
Para terminar, creo que se podría hacer una analogía entre esta traducción y la novela misma. Hay varias voces superpuestas: la voz francesa de Pierre, la voz argentina de Pierre, mi voz de traductor, las voces de la editora y los correctores, e incluso la voz de un amigo de Pierre, Gustavo Zappa, a quien va dedicada la novela, que trabajó en la primera versión de unos capítulos que consultamos para esta traducción. De todas esas voces, de esos armónicos, surge el timbre particular de Sirius en español. Yo les puedo decir que me gusta mucho como suena el resultado. Espero que a los lectores también.
Martín Schifino

Gracias, Martín Schifino por enviarnos esta presentación de Sirius, de Pierre Fankhauser.
Fue leída por Estela Consigli de AATI el 13 de septiembre de 2018 en la Biblioteca de la Alianza Francesa de Buenos Aires (Microcentro).
Muchas gracias a todxs lxs que nos acompañaron.

martes, 4 de septiembre de 2018

Invitación a Sirius de Pierre Fankhauser


:: Paisanita Editora invita a la presentación de SIRIUS, la novela de Pierre Fankhauser, publicada en 2014 por la editorial suiza BSN Press, traducida por Martín Schifino ::

❄ En Av Córdoba 946, el jueves 13 de septiembre a las 19hs ❄ 

:: Junto a Estela Consigli estaremos charlando con el autor en el marco de la Jornadas internacionales de traducción comparada "Variedades regionales en las lenguas de traducción" ::

❄ ¡Todxs invitadxs! 



:: Firma de ejemplares, brindis, sorteos, preguntas y más sorpresas! 
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 Lxs esperamos!! 







CLIK: Por favor confirmar participación en el evento


Confirma❄

Sirius, de Pierre Fankhauser






SIRIUS, la primera novela de Pierre Fankhauser, originalmente publicada en francés por la editorial suiza BSN-Press, en 2014, será nuestro título número 12.
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La literatura suiza no es muy conocida en Argentina. Es poco frecuente encontrar traducciones de obras suizas contemporáneas, y menos de traducciones de obras actuales. Ojalá sea un acercamiento a esta zona de la literatura y se abra un diálogo. 
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Sirius se inspira libremente en los acontecimientos que llevaron al trágico final de los miembros de la Secta de la Orden del Templo Solar en 1994 y 1995: 69 muertos en Suiza, Francia y Canadá.
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“¿Investigación policial, documento exhaustivo, pura ficción? De todos modos, escalofriante”
Amandine Glévarec, Kroniques.com
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◄ Traducción: Martín Schifino
◄ Fotografías: Noelia Monópoli Fotógrafa
◄ Arte: Mambo Pablo Rivas
◄ Este libro se publica con el apoyo de la Fundación Suiza para la Cultura Pro Helvetia

En "El Eslabón" de Rosario - Mapamundi de Lila Gianelloni


Muchas gracias al periódico rosarino El Eslabón, por tan linda reseña de Mapamundi, de Lila Gianelloni, Paisanita Editora, 2018.



lunes, 25 de junio de 2018

La Nación - Daniel Gigena sobre "Una película vuelve a casa" de Hernán Lucas

Gracias Daniel Gigena por la nota para La Nación, que también pueden leer en el siguiente link:
https://www.lanacion.com.ar/2145216-una-pelicula-dentro-de-una-novela

Una película dentro de una novela

Hace ya treinta y seis años que se estrenó Últimos días de la víctima, la película con la que Adolfo Aristarain lograba burlar la censura de la dictadura militar con una trama que denunciaba algunos de los procedimientos siniestros de la dictadura. Basada en la novela de José Pablo Feinmann, la película se convirtió en un paradigma de la elipsis y la metáfora, dos recursos que otros grandes artistas de la época (Daniel Moyano, Sara Gallardo y Charly García) habían utilizado para crear. En el film de Aristarain, un parco personaje interpretado por Federico Luppi persigue a Rodolfo Külpe, que encarnaba Arturo Maly. El objetivo final era evidente desde el comienzo: asesinar a Külpe y hacer pasar el crimen como uno más de los cometidos por los grupos parapoliciales. Entre paréntesis, todos habíamos quedados obsesionados, como le pasaba al personaje de Luppi, con la performance de Soledad Silveyra.
A fines de 2017, Hernán Lucas publicó su primera novela, basada en parte en una experiencia personal. En Una película vuelve a casa (Paisanita), el protagonista descubre que el edifico porteño al que se acaba de mudar había sido una de las locaciones de Últimos días de la víctima. Las dos torres están situadas en el barrio de Almagro, al costado de las vías del ferrocarril Sarmiento. De manera lenta e insidiosa, la convivencia entre vecinos, las actividades más anodinas y los encuentros casuales se cargan del clima de suspicacia y riesgo que dominaba esa obra de Aristarain. Tanto el edificio como la película son contemporáneos: el film se estrenó en 1982 y las torres se inauguraron un año antes. Ambos habían compartido un mismo tiempo de producción en épocas oscuras y tal vez en los dos, en el edificio y en la película, se cifraron prácticas de un período que quedó atrás para siempre.
Como el personaje de su novela, el autor vive en el edificio. Pero Lucas no se acaba de mudar: está allí desde hace dieciocho años. Algunas de las escenas de la película transcurren en un departamento de dos ambientes como el suyo; escenas en las que el asesino a sueldo entra de manera subrepticia para espiar y conocer mejor a la víctima. En la novela, sin embargo, la suspicacia cede paso a una épica humorística. El protagonista, cuando descubre que la película se filmó en el edificio, quiere organizar una función de homenaje y proyectar el film en la medianera de una de las torres. Invita a la función a los vecinos del consorcio y al mismo Aristarain, a Luppi y el resto del elenco. "Apenas los del FNA me confirmaron que Aristarain y Soledad Silveyra vendrían al homenaje, empecé a redactar un aviso para pegar en las carteleras de las torres. Federico Luppi, en cambio, no iba a poder venir porque para esa fecha estaría de viaje; y por desgracia Arturo Maly, como China Zorrilla y Julio De Grazia, ya se encontraban, como dicen los actores, de gira". Ese tono de homenaje irónico y a la vez genuino da vida a la historia.
Después de que se publicó el libro, al autor lo esperaba un curioso epílogo en forma de experiencia. Cuando decidió poner en venta el departamento para mudarse a otro más grande, el primero en contactarse por Internet fue un tal "Chuck Porris". Desconfiado, Lucas le preguntó si podía conocer su verdadera identidad para avanzar en la transacción. Resultó ser que Chuck era Bruno Aristarain, hijo del director de cine, que no tenía idea de que en ese lugar su padre hubiera filmado una película y mucho menos que se hubiera escrito un libro sobre el asunto.
El día del encuentro para visitar el departamento, los Aristarain se hicieron presentes. Tanto el director de cine como el escritor se sintieron un poco abrumados por el modo en que la realidad completaba sus ficciones. Como ocurre con Últimos días de la víctima, con Una película vuelve a casa y con tantas otras narraciones, el modo de contar una historia define, aunque sea de manera alusiva, el sentido real de lo que se quiere contar.

Nexo Artes y Cultura - RARA FELICIDAD (sobre Fotocopia, de Facu Soto)

Gracias Claudio Dobal por la hermosa reseña para Nexo Artes y Cultura, que también pueden leer completa en el siguiente link: http://www.nexoartesyculturas.com/?p=595


Me di cuenta que estaba haciendo con mi hija lo mismo que mi papá había hecho conmigo, como una fotocopia.
Facu Soto, Fotocopia, 2017


Una fotocopia nunca es perfecta. Nunca es igual. Hay algo de la reproductibilidad técnica que nos hace caer en esa creencia, pero uno sabe que algo siempre es diferente. No digo de peor calidad, ni nada por el estilo. No, no es eso: digo diferente. Siempre hay un cambio de tono, de fuerza en la imagen, en las letras fotocopiadas que no responden del todo al original. Una fotocopia es un igual que no lo es.
Pero siempre hay una razón para la fotocopia. Uno puede hacer una fotocopia porque no quiere, o no puede, volver a copiar algo de manera manual; puede hacerla porque no quiere o no puede comprar el texto o la imagen original; puede hacerla también porque uno necesita intervenir sobre lo copiado, sin marcar el original de manera definitiva; y puede, por qué no, querer una fotocopia porque desea guardar el registro de algo. Y ahí el valor de la fotocopia, de esa fotocopia, es un poco diferente, porque no está asociada a la necesidad.
La tercer novela de Facu Soto, editada por Paisanita Editora, parte de esta analogía. Se presenta a sí misma, y al relato de monólogos múltiples que narra, desde esta construcción: los personajes son fotocopias de otros anteriores, y a su vez, ellos son también fotocopiados por alguien que los continúa, que viene luego. No obstante, y aunque dejando pistas de las mismas, el texto no se detiene en las similitudes, sino que profundiza, marca, hace foco en las diferencias. En lo que hace a cada yo un ser raro para otro. Como dice Lucy en un momento: “Mi papá no es como todos y eso no me gusta”, dice, “mi papá es raro”, termina.
Porque también de eso se trata la cuestión. La novela de Soto se construye a sí misma como una serie de capítulos (¿partes, escenas, monólogos?) cortos que se suceden generalmente en un orden cronológico y alternando entre la voz de un padre gay en busca de pareja y la voz de Lucy su hija que comienza siendo niña y termina siendo una preadolecente. Cada uno con su cronolecto, cada uno con sus intereses y sus palabras, cada uno con su sintaxis y su punto de vista, cada uno con sus dificultades de comunicación, van hablando, también generalmente, del otro. De su contraparte. De ese ser que por momentos resulta un extraño, un raro, al que no se entiende, al que no se acepta como es (al menos no del todo), al que una quiere lejos, no quiere ver más, pero a la que el otro quiere formando parte y construyendo su mundo privado y también su universo público. Esa otra, que cambió (como antes lo hizo él) y de la cual solo quedan ciertos recuerdos de felicidad que, para que no se olviden, para que no se escapen, se registraron en fotos.
Y de esa forma, la novela consigue que el lector, aun con sus confusiones, aun en esos parágrafos que no queda bien delimitado desde el comienzo a quién pertenecen, va identificando a cada uno de los protagonistas del texto no tanto desde la propia voz, sino desde las descripciones del otro. Desde la forma que el otro lo retrata (aunque al final esta práctica también tenga una vuelta de tuerca).
Una identificación, un retrato, que también puede pensarme más allá de un mero reconocimiento narrativo, y que busca dar cuenta de ciertas similitudes con las prácticas cotidianas de cualquiera que sea padre. O cualquiera que sea hijo. Y en esto, entonces, también el texto es una fotocopia. Y ahora el que se siente fotocopiado es el propio lector.

Una película vuelve a casa, de Hernán Lucas, por Lila Feldman



Lila Feldman es psicoanalista y ensayista. La lectura de Una película vuelve a casa, de Hernán Lucas, le inspiró unas líneas que gentilmente nos hizo llegar:
 
En Una película vuelve a casa, la novela de Hernán Lucas (Paisanita Editora, 2017), encuentro un relato acerca de la curiosidad. De la curiosidad que deja de ser vivencia íntima, y muta a experiencia colectiva. Curiosidad investigadora que no busca hallar “pruebas” sino construir razones, causas, ficciones. No se trata de perseguir pruebas que demuestren, sino en todo caso huellas para trazar un camino, realizar un deseo.
Si es una investigación, no apunta a demostrar sino a realizar. Sería como una investigación en el espacio, y en el tiempo. En mí, resonó más lo primero:
¿Cómo habitamos el espacio? (La cuestión del espacio en esta historia es crucial, el espacio importa).
¿Cómo habitamos lo común, y dejamos de ser anónimos?
¿Cómo las zonas mortiferamente tediosas que predominan en las reuniones de consorcio, se tornan espacio de juego y vecindad, de proximidad con quiénes no nos resultan en principio cercanos ni próximos?
Es también una historia de intercambios. Intercambios que apuntan a construir sentido. Pero lo que más me atrapó en la novela es la insistencia del “ver sin ser visto”.
Hernán Lucas escribe, e inscribe el hacerse ver, mostrando cómo él ve, cuando aún no es visto. Un hacerse ver, mirando.
La pared será superficie de apoyo para una película y el escritor, que en esta novela nace con un puntito azul, una luz que lo mira-toca desde afuera, y lo lanza a embarcarse en una idea, deseo, o “locura”, encuentra primero en los otros, luego en la hoja, su superficie de apoyo. Y ahí se apoya su mirada. Y así como nos invita a mirar, los invito a leerla.

Gracias Lila Feldman !